
Con la ampliación del templo y la llegada del Renacimiento con cambios de tendencias artísticas, sucesivos retablos de madera ocultaron aquel tesoro ahora alojado en una original girola creada detrás del hermosísimo retablo que se ha restaurado y adelantando varios metros. Fue construido en el siglo XVIII por
Francisco Rodríguez y por el dorador
Lorenzo Villa quienes colocaron en lo alto una magnífica talla de Santiago que procedía de un retablo anterior obra del ensamblador
Juan de Aldaba y del célebre pintor segoviano
Alonso de Herrera -ninguno de estos dos artistas pudieron ver su obra terminada pues fallecieron, sucesivamente, antes de ejecutar los últimos remates-.
Desde que en 1123 el primer obispo de Segovia pidió a doña Urraca, la Reina de Castilla, la donación de esta villa, Turégano se convirtió en cámara oficial de los prelados segovianos. Mientras los reyes de León y de Castilla se afanaban en recomponer la unión de ambos reinos, los obispos consiguieron
reabrir las peregrinaciones castellanas a Santiago de Compostela. En este contexto, la iglesia de Santiago quedó unida al acervo eclesiástico de las numerosas parroquias de la villa. Tal vez fuera consagrada, al iniciarse el siglo XIII, por el arzobispo de Toledo don Rodrigo Jiménez de Rada, uno de los hombres más sabios de la Antigüedad.