domingo, 23 de diciembre de 2012

¿Quién soy yo para que roe visite la madre de mi Señor?

EVANGELIO
                                  ¿Quién soy yo para que roe visite la madre de mi Señor?

Lectura del santo Evangelio según San Lucas.  (Lc 1,39-45.)

    En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías, y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, salto la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo, y dijo a voz en grito: -¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.
¡Dichosa tú que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.
El Espíritu nos lleva a servir

   Palabra del Señor.

IV Domingo de Adviento. Ciclo C. Lc 1,39-45

Si el adviento nos invita a preparar nuestro corazón al Dios que viene a nuestro encuentro, mejor ejemplo que María no podemos encontrar en el Evangelio. Juan nos allanó el camino, María llevó en su seno al Salvador.

Y en estas palabras de Lucas observamos cómo la Madre de Jesús se pone en camino; tras haberle anunciado el ángel que iba a concebir al salvador del mundo, ella no escatima fuerzas y va a visitar a su prima; un camino de encuentro con el precursor y su madre, un camino de alegría y un encuentro emotivo entre dos madres importantes de la Biblia.

Las palabras que dirige Isabel a María al verla no podían ser otras que de alabanza: bendita tú entre las mujeres. ¡Cuántas veces hemos rezado los cristianos el Ave María! Pues podremos imaginar la alegría con que Isabel pronunció dichas palabras al saber que su prima iba a ser la Madre del esperado de los tiempos. Una alegría que hizo que el bautista saltara también de gozo en su seno.

María es proclamada dichosa por creer; a pesar de no entender lo que iba a suceder, o no alcanzar a ver lo mucho que iba a cambiar su propia vida al ser la Madre del Mesías, ella cree; no duda, no pone excusas; quizá no supo entender en un primer momento lo que estaría por venir. Pero creyó. Si Abraham es el padre de los creyentes, María se sitúa a un plano similar al ser la madre de los que han conocido a su Hijo.

Dichosa ella que llevó en su seno y en sus entrañas al quien dio la vida por todos; una hermosa labor que más adelante le reportaría alegrías y sufrimientos al verlo morir en la cruz por nuestra salvación. Hoy los cristianos estamos de fiesta porque encontramos en María un ejemplo muy claro para nuestro adviento particular: saber decir sí a la voluntad y “encarnar” en nuestra propia vida el Evangelio y la buena noticia que es Cristo.

El adviento concluye poniéndonos a las puertas del nacimiento de Cristo: hemos preparado nuestros corazones, hemos allanado las sendas, hemos convertido nuestro corazón al Dios que quiere habitar entre nosotros. No podemos permanecer indiferentes ante este acontecimiento que cambió la historia de la humanidad. Ahora nos toca, como a María, salir al camino, al  encuentro de los hombres para que sepan reconocerlo al partir el pan.







domingo, 16 de diciembre de 2012

¿Qué hemos de hacer?

EVANGELIO

"¿Qué hemos de hacer?"

Lectura del santo Evangelio según San Lucas.  (Lc 3,10-18.)

    En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: -Entonces, ¿qué hacemos? El contestó: -El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene y el que tenga comida, haga lo mismo.
Vinieron también a bautizarse unos publicanos; y le preguntaron: -Maestro, ¿qué hacemos nosotros? El les contestó: -No exijáis más de lo establecido. Unos militares le preguntaron: -¿Qué hacemos nosotros? El les contestó: -No hagáis extorsión a nadie, ni os aprovechéis con denuncias, sino contentaos con la paga.
El pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: -Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará con Espíritu Santo y fuego: tiene en la mano la horca para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.
Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba la Buena Noticia.

El niño traerá la justicia
Palabra del Señor.

III Domingo de Adviento. Ciclo C. Lc 3,10-18

Continúa la predicación del Bautista en el evangelio de este domingo de adviento; la gente le había escuchado, había oído sus gritos y querían saber qué debían hacer para convertir su vida y su corazón a Dios en el que creían. Los consejos de Juan exigían un cambio radical.

El que tiene dos túnicas que las reparta y el que tiene comida que haga lo mismo: un bautismo de conversión que pasa necesariamente por compartir lo que somos y tenemos, no acumulando lo innecesario; Juan tiene claro que la vida pasa y que el día está por llegar; que no vamos a estar eternamente aquí en esta tierra, sino que nos espera una vida con Dios donde viviremos para siempre.

Cada uno de los que se acercó a Juan le preguntaba qué debía hacer o cómo debían vivir. Alejarse de extorsiones, de denuncias injustas, de impuestos excesivos… aquellas palabras que hace casi dos mil años dirigió a publicanos, militares y todo el que quiso escuchar, bien podríamos ponerlas por obra nosotros hoy en día.

Lo que más llama la atención de este evangelio no son los consejos que daba para que convirtieran su vida a Dios, sino la claridad que tenía el Bautista de que debía señalar al Mesías; todos estaban pendientes de si sería él mismo el ungido; sin embargo sabía cual era su misión: allanar el camino del Señor, señalarlo entre los hombres. Pudo haberse hecho con honor y gloria, sin embargo debía hacerse pequeño para que brillara con luz propia el que había de venir.

Su bautismo, el del Mesías, serían con Espíritu Santo y fuego; no un bautismo de conversión, sino un bautismo de vida que marcaría el corazón de los creyentes con la llama del Amor de Dios. Juan así lo cree y así se lo anuncia a los que le seguían e incluso pensaban que sería él el anunciado.

Juan es hombre de paso, es bisagra entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, entre la Ley de Moisés y la nueva ley del amor. Su misión era preparar a los hombres, hacerlos despertar del sueño, animarlos a que reconocieran la venida de Cristo. ¡Qué dignidad tan hermosa y con qué humildad y sencillez lo supo llevar Juan!

Al igual que el Bautista nosotros deberíamos prepara el camino al Señor, saber anunciar con alegría lo que creemos y no avergonzarnos de ser cristianos. Está por venir quien nos dio la vida, ¿cómo vamos a recibirle? Preparad el camino al Señor.








domingo, 9 de diciembre de 2012

Todos verán la salvación de Dios

EVANGELIO
                                    "Todos verán la salvación de Dios."

Lectura del santo Evangelio según San Lucas.  (Lc 3,1-6.)

    En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:
«Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale.
Y todos verán la salvación de Dios».

Pequeños gestos de amor hacen camino
                                                     Palabra del Señor.

II Domingo Adviento. Ciclo C. Lc 3,1-6

    La figura del Bautista es fundamental en el ciclo del Adviento, porque nos anima y nos hace despertar del letargo: Preparad el camino del Señor; su invitación resuena especialmente en este tiempo de esperanza; una espera activa marcada necesariamente por la vigilancia.

Es curioso que el evangelista Lucas quiera remarcar los datos históricos en los que se sitúa la predicación de Juan. Quizá porque era importante, para generaciones futuras, saber que en un momento concreto de la historia sucedió todo lo que se narra en el Evangelio: que fue cierto y que el Hijo del hombre puso su tienda entre nosotros, aquí en la tierra.

Marchó Juan Bautista al desierto; un lugar teológico y de teofanía por excelencia: en muchas ocasiones se había manifestado Dios a su pueblo en ese lugar de soledad y de aridez. Ahora tocaba que el profeta Juan escuchara la voz de Dios y fuera enviado a predicar un bautismo de conversión.

Nos invita el Bautista, en este domingo del tiempo de esperanza, a cambiar de vida, a convertirnos para ver la salvación de Dios. Y es que urge la necesidad de volver nuestra mirada y nuestro corazón al Dios que nos ha creado para darnos cuenta de que somos barro, arcilla que Él un día modeló y que nosotros hemos ido deformando con el paso de los años y de nuestras infidelidades.

El adviento debe ayudarnos a preparar el camino, a allanar las sendas y rebajar las colinas de nuestra vida interior. Limar las asperezas que han surgido entre nosotros, buscar la senda de la paz y la justicia, levantar lo que está torcido en nuestras intenciones. Sólo así podrá habitar entre nosotros el Dios de la paz que una vez puso su tienda entre nosotros.

Juan es la voz que grita en el desierto: no susurra o sugiere, sino que grita: es necesaria la conversión; es preciso que cambiemos de vida, que hagamos de nuestro corazón de piedra un corazón más humano que sufra con las necesidades del mundo, que se alegre con sus logros y que se desgaste de amor a los demás.

Grita tú también, al igual que Juan, que está por venir el Mesías, que debemos allanar los caminos al Salvador; grita con fuerza en el desierto, a veces, puesto que parecerá que nadie escucha y grita también cuando todos estén pendientes de lo que dices. Grita y haz de profeta tú que has conocido el Evangelio que es Cristo y a través de ti todos podrán ver también la salvación de Dios.





domingo, 2 de diciembre de 2012

Cinco años navegando

Fue la mirada de un sueño, un espejo que contempla la palabra, un cuaderno que recopila el recuerdo de la luz y el amor.
Hoy, un nuevo aniversario, nos convoca con un sentimiento amigo que perdurará siempre en la memoria.
Con todo cariño, y de todo corazón.

Se acerca vuestra liberación

 EVANGELIO
                          "Se acerca vuestra liberación."

Lectura del santo Evangelio según San Lucas. (Lc 21,25-28.34-36.)

    En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo, ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo temblarán.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del hombre.
                                                                                            Palabra del Señor.

Año de la Fe
I Domingo de Adviento. Ciclo C. Lc 21,25-28.34-36

Vivimos dentro de un espacio y un tiempo determinante; hasta tal punto que la vida del hombre si rige por estas dos categorías; pues también en Iglesia vivimos nuestra fe marcados por espacios y por tiempos determinados; hoy comienza el año litúrgico con el Adviento. Este tiempo, como bien sabemos, está marcado por una característica peculiar: la espera.

Las palabras que Jesús dirige en este evangelio a sus discípulos así nos lo quedan patente: verán venir al Hijo del hombre… Habla de un tiempo futuro, de algo que está por suceder, de la segunda venida de Cristo a la tierra con honor y majestad. Y en ese gran día llegará nuestra liberación. Por segunda vez el Rey aparecerá en la tierra; todo está a la expectativa; signos en el cielo, en las estrellas y en la tierra. Todo apuntando a un acontecimiento que marcará el comienzo de una nueva era: la vida eterna junto a Dios.

Sin embargo, a pesar de que vivimos marcados por el espacio y el tiempo, olvidamos con facilidad que aquí estamos de paso; que la vida del hombre es breve, como dice Job; que nuestro paso aquí en la tierra está marcado por la caducidad, por la finitud. Y al olvidarnos de todo esto, nos ocupamos de cosas pasajeras: acumular bienes perecederos que no reportan la felicidad, ocupar los primeros puestos a cosa de lo que sea, crear rencillas y divisiones interesadas…

Estad despiertos, aún está por llegar ese gran día de liberación, y nadie sabe el momento. Esta invitación que hace Jesús a sus discípulos y que se hace extensible a todos los que escuchan sus palabras, no deben crear en nuestro corazón miedo o inquietud, sino esperanza. De nuevo volverá el Señor con honor y majestad y comenzarán los cielos nuevos y la tierra nueva. Esperanza.

El adviento es esa parte del ciclo litúrgico que llama a nuestro corazón como el despertador de cada mañana. Tenemos que despertar del sueño, del letargo en el que vivimos, de la apatía que se ha metido hasta los huesos. Despertar del sueño es una necesaria actitud unida estrechamente a la vigilancia. Abrir nuestros ojos y mirar el mundo con esperanza mientras trabajamos instaurando el Reino que Cristo ya sembró en nuestros corazones.

Algo nuevo está por venir; algo nuevo está brotando; no podemos dejar que pase o que se seque por nuestra falta de trabajo. Estad atentos, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.









domingo, 25 de noviembre de 2012

Tú lo dices: Soy Rey

 EVANGELIO
                               "Tú lo dices: Soy Rey."


Lectura del santo Evangelio según San Juan. (Jn 18,33-37.)


        En aquel tiempo preguntó Pilato a Jesús: -¿Eres tú el rey de los judíos?
Jesús le contestó: -¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?
Pilato replicó: -¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos. sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?
Jesús le contestó: -Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
Pilato le dijo: -Conque ¿tú eres rey?
Jesús le contestó: -Tú lo dices: Soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.

                                                                    Palabra del Señor.

Cristo Rey, su corona los pobres
 Cristo Rey. Jn 18,33-37

        En este último domingo del tiempo ordinario celebramos la Solemnidad de Cristo Rey del Universo; una fiesta cargada de simbología no al modo humano, sino al típico de Dios. Nunca dejará de sorprendernos el modo de actuar de Cristo, sus palabras y su entrega generosa y fiel hasta las últimas consecuencias.

        Frente a Pilato, aquél que podía salvarlo del patíbulo de la cruz, Jesús es interrogado; poco le faltaba ya para dar el último paso hacia el sufrimiento y la muerte; había sido acusado por sacerdotes y fariseos, condenado de antemano por proclamar el Reino de Dios. Y ahora, era necesario el juicio civil y la condenación por parte del poder romano.

        Él no era rey como lo entendían los representantes del sanedrín, puesto que no aspiraba a ningún poder político en Israel; al contrario, su reino se extendía más allá de Palestina. Todos los que son de la Verdad escucharán su voz y formarán parte de su Reino. No supieron aquellos letrados y entendidos descubrir la profundidad del mensaje y la realeza de Cristo.

        Y sin embargo, pudiendo salvarse de la cruz, delante de Pilato, reafirma: Yo soy Rey, para eso he venido a este mundo, para ser testigo de la Verdad. Jesús sirve a la Verdad, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz, como recuerda San Pablo años más tarde.

        El lugar del ejercicio de su realeza, de su trono, será la cruz del Gólgota; su muerte representaría, para los que le habían condenado, que todo lo que había dicho y enseñado era falso, que no había sido testigo de la Verdad que tanto se gloriaba de profesar aquél Mesías. Y sin embargo, para nosotros cristianos, aquella muerte y sacrificio en cruz se ha convertido en salvación universal.

        En Iglesia hoy celebramos con gozo que Cristo es Rey del universo, que vino a servir la Verdad, que entregó su vida generosamente por todos y que esta muerte ha dado la vida al mundo. Todo el que escucha su voz y cree en su palabra, acogiéndose a su salvación vivirá eternamente con Él. Cristo es Rey y para eso vino al mundo, para reinar, para sembrar la semilla de la paz, la justicia y el amor, para instaurar un nuevo tiempo de salvación.

        Escuchar esta Verdad, acogerla en nuestro interior y vivir de acuerdo a sus exigencias es ser discípulo del Rey; nada más lejos de los reinos de este mundo que buscan los primeros puestos. Una vez más la Palabra nos sorprende y nos deja una hermosa lección y un camino a seguir. Que el año litúrgico que hemos concluído con esta Solemnidad nos haya acercad aún más a Cristo.



 



 




domingo, 18 de noviembre de 2012

Reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos

 EVANGELIO
                                    "Reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos."

Lectura del santo Evangelio según San Marcos. (Mc 13,24 32.)

      En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: -En aquellos días, después de una gran tribulación, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los ejércitos celestes temblarán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, del extremo de la tierra al extremo del cielo.
Aprended lo que os enseña la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, sabéis que la primavera está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán. El día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.

Palabra del Señor

Conectados a tu palabra
Domingo XXXIII. Tiempo Ordinario. Ciclo B Mc 13,24-32

En muy pocas ocasiones nuestro pensamiento se dirige a lo que sucederá en el último día; tal vez porque vivimos en una cultura del presente, en la que sólo importa el hoy y el mañana queda relegado a un segundo plano muy futurible. Pues bien, quería Jesús en esta ocasión dedicar el discurso a sus discípulos del momento final.

El día en que el Hijo del hombre venga de nuevo a nosotros lo hará con poder y gloria; todo se le someterá y ante Él pondremos nuestras vidas; el amor será la medida; frente a Él quedaremos desnudos de todo lo que hemos querido aparentar; sólo la Verdad nos hará libres y nos abrirá el camino a esa vida eterna que se nos ha prometido desde la creación del mundo.

En pocas palabras nos habla Jesús del día que está por venir; no para inculcar en nuestros corazones miedo, sino esperanza, puesto que un corazón abierto al futuro es capaz de amar con una generosidad eterna. Esta esperanza no es fruto de nuestro esfuerzo únicamente, sino también de la Gracia del Espíritu, que enciende en nosotros la capacidad de creer en la vida eterna.

Vivimos en el tiempo del ya y del ahora; olvidamos que el mañana nos aguarda con ansia y que aún no se ha manifestado lo que seremos hasta el día en que nos encontremos cara a cara con Dios, nuestro Señor y Creador. La esperanza debe mover nuestros corazones hacia ese día, mirando el futuro con optimismo, moviendo nuestros brazos en el riego del Reino de Dios que Cristo sembró y amando a los demás con la exigencia del Evangelio.

Junto a esta virtud teologal que es la esperanza, se deriva necesariamente la vigilancia, como una actitud de alerta; entender y comprender los signos de los tiempos, lo que sucede a nuestro alrededor, lo que brota de la Palabra de Dios, es abrir nuestra mirada a lo que está por venir. Los profetas no sólo denunciaban las injusticias, sino que sabían lo que se le venía al pueblo si seguían por ese camino apartado de Dios. Su vigilancia, su mirada atenta y su corazón puesto en las manos de Dios, hizo de aquellos profetas del antiguo testamento bandera insigne de lo que ha de venir.

Vivamos con esperanza nuestra fe, caminemos vigilantes por la senda que nos ha marcado Cristo y pongamos nuestro corazón en ese encuentro definitivo, que colmará todas nuestras ansias, con el Dios que nos ha dado la vida.



 



 




domingo, 11 de noviembre de 2012

Esa pobre viuda ha echado más que nadie

EVANGELIO

                                             "Esa pobre viuda ha echado más que nadie."


Lectura del santo Evangelio según San Marcos.  (Mc 12,38-44.)


        En aquel tiempo enseñaba Jesús a la multitud y les decía: -¡Cuidado con los letrados! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos. Esos recibirán una sentencia más rigurosa.]
Estando Jesús sentado enfrente del cepillo del templo, observaba a la gente que iba echando dinero; muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: -Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.

                                           Palabra del Señor.
¿Donde ponemos el acento?

Domingo XXXII  Tiempo Ordinario. Ciclo B. Mc 12,38-44

         ¡Estoy convencido de que si Jesús se paseara hoy día por nuestras iglesias repetiría alguna de las frases de este relato evangélico! Aún nos gusta que la gente nos reconozca lo bien que lo hacemos o lo mucho que nos golpeamos el pecho, o lo generosos que somos a la hora de dar algún donativo a los más pobres.

        El Reino que Jesús vino a predicar, ya se lo había quedado claro a sus discípulos camino de Cesarea, -y ahora vuelve a repetirlo- es un camino de renuncia, de cargar con la cruz y de ponerse al servicio de los más necesitados. Ya sabemos que los grandes oprimen a los pequeños y que se imponen muchas cargas; no seamos así entre nosotros. El que quiera ser el primero que sea el servidor de todos.

        La escena de hoy resulta cuanto menos curiosa; paseando por el templo se dedica el grupo de los discípulos y Jesús a observar a los que allí estaban; y seguramente habría de todo: ricos, fariseos, cambistas, gente sencilla… Personas que iban allí con la intención de realizar su ofrenda al Dios en el que creían. Entre ellos muchos que alardeaban de cumplir literalmente la Ley.

        Las enseñanzas de Jesús, distan mucho de pavonearse delante de los demás; es cierto que en los tiempos que corren aquél que se reconoce públicamente como cristiano tiene mérito, porque al parecer la religión está al margen de la vida pública. Una cosa es vivir nuestra fe íntegramente, en toda nuestra vida y en todos sus aspectos, incluída la esfera pública, y otra muy distinta querer aparentar y sobresalir.

        Una buena lección de humildad la dio aquella pobre viuda que entregó lo que tenía para sobrevivir en el templo. Sin llamar la atención, sin tocar la campana, sin poner ninguna inscripción ni placa conmemorativa; aquella mujer pasó desapercibida a los ojos de la mayoría de la gente que se hacía pasar por justos en el templo. Sin embargo Jesús se fijó en ella, en su humildad y su generosidad, y fue modelo y ejemplo para los discípulos.

        Hoy día más que maestros necesitamos testigos, ya lo decía Juan Pablo II; y es que no cabe duda que una vida entregada desde la más completa humildad llama la atención y hace preguntarse qué o quién mueve a una persona así a vivir de tal modo. Acerquemos el evangelio de Cristo y la felicidad que comporta vivir según sus palabras a los que nos rodean.





 



miércoles, 7 de noviembre de 2012

jueves, 1 de noviembre de 2012

Pueblo de Dios. 30 años de emisión






Este domingo hemos celebrado con un especial nuestros seis lustros de emisión ininterrumpida, que hacen de Pueblo de Dios uno de los programas más veteranos de TVE. Han sido más de mil horas de emisión en las que nuestros reporteros han recorrido 63 países.



domingo, 21 de octubre de 2012

El misionero responde





Un misionero es acosado a preguntas en una rueda de prensa tras haber salvado a decenas de niñas de una inundación en la India. Lo que parece un acto humano de solidaridad se va mostrando como algo más: él, como otros muchos, es "Misionero de la fe", y eso es lo que da sentido a su vida.

domingo, 29 de julio de 2012

Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron

EVANGELIO
                                          "Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron."


Lectura del santo Evangelio según San Juan.  (Jn 6,1-15.)


    En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente dijo a Felipe: -¿Con qué compraremos panes para que coman éstos? (lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer).
Felipe le contestó: -Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: -Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero ¿qué es eso para tantos?
Jesús dijo: -Decid a la gente que se siente en el suelo.
Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados; lo mismo, todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos: -Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.
Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: -Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.
Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

                                                Palabra del Señor.

En tus manos todo se multiplica
Domingo XVII. Tiempo Ordinario. Ciclo B

        De nuevo la gente sigue los pasos de Jesús, porque habían visto los signos que había realizado y porque encontraban en sus palabras un aliento de esperanza que llenaba sus corazones vacíos. Rodeado de los suyos, de los que Él mismo había escogido anteriormente para que estuvieran con Él, Cristo se dirige a Felipe haciéndole una pregunta singular: ¿de dónde va a comer tanta gente? Parece como si quisiera ponerle a prueba, pues bien sabía Él lo que iba a hacer después.

        Y es que la palabra que pronuncia Jesús en esta ocasión también va a acompañada por el alimento. No sólo quería que su gente escuchara su mensaje, sino que tuvieran fuerza necesaria para continuar en el camino. Y esa fuerza sólo podría tenerse con el alimento, tanto espiritual como corporal.

        Como preludio de la última cena, pronuncia la bendición sobre aquellos panes y peces que el muchacho quiso compartir con toda la multitud; un milagro que asombraría más tarde a los que allí estaban y que fue iluminado a la luz de la resurrección.

        Unos pocos panes y un par de peces repartidos entre los cinco mil hombres, hicieron recobrar fuerzas tras la predicación a los que le habían escuchado atentamente y le habían seguido por multitud de lugares con el corazón esperanzado en el Mesías que estaban descubriendo.

        Lo llamativo del texto no es solamente el milagro de la multiplicación, o las sobras que recogieron, esos doce cestos, número tan conocido bíblicamente. Lo curioso de todo es que Jesús se retira al final, porque querían proclamarlo rey. Pero el reino que había venido a instaurar se alejaba de las expectativas de aquella gente.

        Milagros, curaciones, dichos y gestos que habían captado el corazón de muchas personas; todo ello ayudaría a proclamar un rey judío de entre los judíos; pero Jesús no quería ser rey al modo humano; no buscaba corona, ni territorios sobre los que gobernar; su reino se basaba en la libertad y la justicia, en la victoria sobre la muerte, derrotada en el madero de la cruz.

        Había venido a proclamar un reino, pero no quería ser rey como los hombres; llamativo y contradictorio al mismo tiempo; pero así es Cristo. Se retira a la montaña sólo, abandonando la fama que le había procurado esa última multiplicación. A rezar, a pedirle a su Padre que se cumpla su voluntad y no la suya propia.








domingo, 22 de julio de 2012

Andaban como ovejas sin pastor

EVANGELIO
                                    "Andaban como ovejas sin pastor."


Lectura del santo Evangelio según San Marcos. (Mc 6,30-34.)


    En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. El les dijo: -Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco. Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer.
Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces, de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.

                                             Palabra del Señor.

Domingo XVI Tiempo Ordinario. Ciclo B

        Aquellos que el mismo Jesús había enviado de dos en dos, los mensajeros del evangelio de la vida, regresaban junto al Maestro para contarle lo que habían enseñado. Es necesario releer las líneas anteriores a este evangelio del domingo para entender que la misión que les fue conferida por manos de Jesús consistía en anunciar la conversión, el cambio de vida.

        Ahora se sentaban junto al que les había encomendado la misión de predicar el Reino de Dios y seguramente emocionados por las experiencias vividas, detallan al Maestro cada una de las experiencias vividas. Sin embargo, lo único que quiere Jesús en estos momentos para ellos es estar en un sitio tranquilo junto a Él.

        Sin nada para el camino, así habían realizado su misión aquellos doce escogidos; ahora disfrutaban de nuevo de las enseñanzas del que es para siempre su Señor; y es que el modo de hablar de Jesús era muy distinto al resto de los rabinos de su época, porque hablaba con autoridad; hasta tal punto que gente de todos los alrededores acudían a Él para escucharle.

        Sólo la Palabra que procede de Jesús puede salvar y dar vida; así lo experimentan los doce apóstoles cada vez que se quedan con Él a solas; así lo viven también la multitud de personas que le siguen vaya donde vaya; Cristo, el Ungido por Dios, anuncia el Reino de la paz y de la justicia; unas palabras que llenaban de esperanza el corazón de los creyentes.

        A nosotros también nos toca sentarnos en la tranquilidad de nuestra propia vida para descansar en Cristo, para disfrutar de su mensaje, para rumiarlo en profundidad y para captar el verdadero sentido de sus palabras; Jesús no podía hacer otra cosa, para eso había venido, para anunciar el año de gracia del Señor.

        Sentirnos profundamente enamorados de Cristo para poder sentir su envío y su mandato de anunciar lo que hemos experimentado en nuestra propia vida; así nos sentiremos discípulos suyos, y así seremos ante el mundo los testigos que el Evangelio de la vida necesita para hacerse carne de nuevo en el mundo.












domingo, 15 de julio de 2012

Los fue enviando

EVANGELIO
                                     "Los fue enviando."

Lectura del santo Evangelio según San Marcos.  (Mc 6,7-13.)

        En aquel tiempo llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa. Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Sólo llevad un bastón

            Palabra del Señor.

  (Mc 6,7-13.)    La palabra apóstol significa enviado, mensajero; y mejor que estas líneas evangélicas para darnos cuenta de que aquellos doce fueron los enviados por el mismo Jesús, con su autoridad y su mandato, a predicar el Reino de Dios. Al modo de las doce tribus de Israel que fueron las receptoras del mensaje de Yahve y que guardaron en medio de su pueblo el Arca de la alianza, aquellos doce hombres eran ahora enviados de dos en dos para predicar.

        Sin embargo resulta curioso detenerse en algunos detalles que no se nos pueden pasar por alto; en primer lugar el apóstol es un enviado; esto significa que ha sido llamado por alguien, en este caso Jesús, para una misión concreta; no anuncia nada que no haya escuchado y de lo que no esté convencido, puesto que entonces su mensaje no sería creíble.

        Por otra parte Cristo les da su autoridad; no predicaban por sí mismos, ni a sí mismos, sino lo que habían visto; con la autoridad propia del Maestro irían de dos en dos, no solos, sino acompañados en la fe, y con el respaldo de la fuerza que sólo Jesús podía ofrecerles. Para la misión que les había encomendado, Jesús quería darles unas pequeñas notas: ni pan, ni alforja, ni dinero. Nada les iba a hacer falta para anunciar la justicia, la paz y el amor.

        Iban a continuar y a extender el mensaje que el Hijo de Dios había venido a anunciar; que el Reino de Dios ya estaba entre nosotros y que había que llevarlo a plenitud también con nuestra pequeña aportación; en algunos lugares serían bien recibidos, en otros no.

        También actuaban con signos en medio del pueblo, expulsando demonios y curando enfermos con aceite; signos que avalaban aún más lo que iban anunciando a los demás. Y es que la Palabra, muchas veces necesita ser refrendada con gestos visibles que hagan más creíble el contenido.

        También hoy, como entonces, envía Jesús, con la fuerza del Espíritu, a muchos testigos y apóstoles para que anuncien y proclamen su Reino. Los tiempos han cambiado, quizá los medios y modos de predicar; pero lo que sigue vivo y operante es su Palabra, su mensaje y, sobre todo, la autoridad con la que Él mismo envía a sus discípulos en medio del mundo.

        También hoy, como entonces, el mundo necesita no sólo palabras, sino gestos y acciones significativas que sean coherentes con el Reino de Dios que se está predicando; el mundo necesita testigos fieles de Jesús, y personas enamoradas completamente de Él, que se sientan llamados y enviados a continuar su labor con fidelidad y alegría.



 







domingo, 8 de julio de 2012

No desprecian a un profeta más que en su tierra

EVANGELIO
                                         
"No desprecian a un profeta más que en su tierra."
Lectura del santo Evangelio según San Marcos. (Mc 6,1-6.)

       En aquel tiempo fue Jesús a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: -¿De dónde saca todo eso? ¿Que sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? ¿Y sus hermanas no viven con nosotros aquí? Y desconfiaban de él. Jesús les decía: -No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.
No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe.

El hijo del carpintero ha construido un trampolín para tocar el cielo
Palabra del Señor.      

 (Mc 6,1-6.) El modo de enseñar de Jesús y su forma de actuar estaban causando un gran interés y sorpresa en medio de sus paisanos. Hoy se dirigió a una sinagoga para predicar, para enseñar el Reino de Dios pues para eso había venido, para proclamar el año de gracia del Señor.

        En aquel tiempo la autoridad estaba relacionada, en gran medida, con el prestigio que aquella persona merecía y la valía que representaba ante los demás; por eso asombraba, ante todo, que la autoridad no le viniera por la rama familiar; conocían a María, a José, a Santiago, José y Judas y Simón. Ellos no venían de una casta sacerdotal que revertiera en la persona de Jesús.

        ¿De dónde venían entonces aquellos milagros y aquel modo de hablar? ¿De dónde sacaba todo? De su familia no, era evidente. Si su autoridad no era familiar, alguien debería apoyar lo que afirmaba; poco a poco se va descubriendo la figura del Hijo de Dios. Jesús no sólo es el Cristo, un Ungido en medio del pueblo que destacaba por su modo de presentar a Dios.

        Era el Hijo de Dios, hablaba con el poder que le venía del mismo Dios, y Él garantizaba lo que afirmaba del Reino de los cielos. La fuente de su autoridad residía en el Padre, que lo había enviado como mensajero último, después de todos los profetas. A su propio Hijo envió para que el mundo creyera. Y sin embargo no hacían caso a su mensaje.

        Jesús se sintió despreciado en su propia tierra, en cumplimiento del famoso dicho; sólo pudo curar algunos enfermos y se extrañaba de su falta de fe; parece como si los mismos paisanos que lo habían visto crecer desconfiaran de Él; y no sólo lo parece, sino que en este relato se ve con claridad. Todo porque no descubren que la autoridad le proviene del mismo Dios.

        La palabra de Jesús era muy distinta a la de tantos otros doctores y rabinos que había en aquella época, o demagogos que encontramos en la nuestra; su Palabra libera, no tiene ningún tipo de atadura, sino que se fundamenta sólo en el amor de Dios. Su Palabra da vida, puesto que en ella encontramos el camino de la eterna salvación. Su Palabra compromete, puesto que el que se encuentra personalmente con ella necesariamente cambia sus esquemas de vida para seguir el mandamiento del amor.

        En definitiva la Palabra de Jesús es la única que llena el corazón del creyente; encontrarnos con ella diariamente, rumiar su trasfondo y saciarnos de ella hace que Dios esté más dentro de nosotros mismos.



 





domingo, 1 de julio de 2012

Contigo hablo, niña, levántate

EVANGELIO
                                         "Contigo hablo, niña, levántate."


Lectura del santo Evangelio según San Marcos.  (Mc 5,21-43.)


        En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echó a sus pies, rogándole con insistencia: -Mi niña está en las ultimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.
Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. [Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que, con solo tocarle el vestido, curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: -¿Quién me ha tocado el manto?
Los discípulos le contestaron: -Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: «¿Quién me ha tocado?»
El seguía mirando alrededor para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa; al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. El le dijo: -Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.
Todavía estaba hablando, cuando] llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: -Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al Maestro?
Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: -No temas; basta que tengas fe. No permitió que lo acompañara nadie, mas que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: -¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.
Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entro donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo:
Talitha qumi (que significa: «Contigo hablo, niña; levántate»).
La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar -tenía doce años-. Y se quedaron viendo visiones.
Les insistió en que nadie se enterase, y les dijo que dieran de comer a la niña.

                                                                                                                      Palabra del Señor.     
La tierra, mi niña enferma, duerme. Talita Kumi, ¡despierta!
(Mc 5,21-43.) La fama de Jesús iba extendiéndose por todas las regiones; hasta los jefes de las sinagogas, como era el caso de Jairo, habían escuchado del nuevo Maestro; mucha gente lo apretujaba porque querían llenarse del mensaje que proclamaba. Y en estas líneas evangélicas encontramos dos hechos excepcionales que muestran la fe de personas muy diferentes.

        Jairo, por una parte, quizá como último recurso y sabiendo que Jesús había realizado ya grandes curaciones, se dirigió a Él para implorarle por su hija; con la esperanza de que su hija sería curada de la enfermedad, se lleva del gentío al Maestro. Su insistencia mostraba la respuesta de un creyente que escucha la voz de Dios.

        La mujer que, con miedo a ser rechazada, se acerca a Jesús para tocarle solo el manto, es el otro ejemplo de fe y confianza que descubrimos. Había gastado toda su fortuna en médicos y sólo había hecho empeorar; pero ahora tenía cerca de sí a Jesús; podía tocarlo, podía dirigirse a Él, podía llamarle la atención… Pero sólo quiso tocarle el manto, pensando que así sanaría. Y así sucedió.

        Ninguno de los dos exige nada, solo ruegan la intervención de Cristo; ninguno ofrece nada, solo se ponen en sus manos. Eso es fe, confiar plenamente en aquél con el que uno se encuentra. Confiar en su palabra, en lo que otros habían hablado de Él y esperar que, con sólo rozar su manto, podamos convertirnos.

        La mujer quedó sana al instante con la fuerza que salió de Jesús. Jairo parece que tuvo peor suerte en un primer momento, puesto que cuando hablaba con la mujer sanada vinieron a decirle que su hija había fallecido.

        A ambos les remarca Jesús la importancia de la fe: tu fe te ha salvado y basta con que tengas fe. Sólo era necesario que confiaran en él; así lo hizo la mujer y así lo esperó también Jairo cuando se dirigió a su casa para ver qué podía hacer el Maestro. En efecto, su hija volvió a la vida, tal y como lo había dicho Jesús.

        La vida de aquellas personas cambió; y es que el encuentro con Jesús transforma la forma de ver el mundo, la vida y las personas que nos rodean; un ejemplo de intercesión por los demás el de Jairo y un ejemplo de confianza plena y humilde el de la mujer. Sólo un granito de la fe de aquellas personas bastaría para que muchos de nosotros cambiásemos y nos encontráramos definitivamente con el Mesías. Fe es igual a encuentro personal con Cristo, y sin este encuentro no puede existir el milagro de una nueva vida.




 




domingo, 24 de junio de 2012

Solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista

Nace Juan, una voz que grita desde las entrañas ¡conviértete!
“¿Qué va a ser este niño?”
Ni niño ni nombre ni oficio, nada eligieron Zacarías e Isabel para el pequeño que les había nacido. Su existencia vino como gracia de Dios, su nombre con relación a su pertenencia a Dios (que ya lo conocía antes de ser engendrado) y su oficio como antecesor del Mesías. ¿Qué les quedaba a los pobres padres? Aceptarlo como un regalo y amarlo como don de Dios y cuidarlo educándolo en la fe en el Dios que recuerda su Santa Alianza. Aceptar y alegrarse por esto. Si no existió tristeza en ellos con queja de agravio, porque no tuvieron ocasión de asumir sus tareas de padres como quienes deciden cuándo traer vida la mundo y ponen el nombre al retoño (generalmente el paterno, como queriendo destacar que continuará la estirpe) o al menos el padre puede enseñarle profesión y transmitirle su experiencia... si no les provocó amargura es porque Zacarías e Isabel eran gente de Dios.

Este pasaje y la fiesta que celebramos hoy es una muestra genuina de la generosidad de Dios y el agradecimiento humano. A Zacarías le había costado un tanto entender el regalo de Dios en el hijo; le pudo la duda y como signo del cumplimiento de la promesa de Dios ante su incredulidad perdió la voz. Isabel, en cambio, más sensible a la presencia milagrosa de Dios en la vida, no sólo halló gracia en sí, sino más todavía en su prima María: “bendita entre las mujeres”. Dios termina venciendo ante quien se deja vencer y Zacarías recuperó su lengua, cuando brotó de él la alabanza al Señor. Cuando se reconoce la generosidad de Dios acaban los motivos de reivindicación, y merece la pena que uno hable sin contrariar.

Al nacimiento de Juan, prosiguió la entrega generosa a Dios representado en el nombre y en su vocación (“¿Qué va a ser de este niño?”). Sus padres no quisieron quedarse con lo que no era suyo, porque cuando Dios regala lo hace para el que recibe la dádiva regale a su vez y el beneficio cunda y se extienda. La lectura del profeta Isaías apunta a la preparación del regalo mucho antes de que viniese a la luz. Cuando hubo tanta molestia de preparativos, es porque se trataba del “más grande nacido de mujer”, en palabras del mismo Cristo, el que allanaría sus caminos. Los padres de Juan le transmitirían piedad de agradecimiento y, aun siendo tan grande, se supo siervo y abandonó la escena cuando cumplió con su misión de allanar el camino al Señor.

Atentan contra la gratuidad la posesividad, el intento de dominio, la falta de generosidad, la apropiación indebida... aunque fundamentalmente la envidia, el llanto por el regalo que Dios pone en el otro. Y las carencias en el reconocimiento de la gratuidad divina provoca más atención en los reparos que en los dones, en las tristezas que en la esperanza, en el agravio que en el perdón.

Zacarías e Isabel quedaron mudos para el resto del evangelio de Lucas (solo un poco más hablaría Isabel en alabanza cuando la visita de María) y cuánto de ellos sin embargo llevaría el que era “la voz que grita en el desierto”, valiente como para enfrentarse ante un rey (Herodes Agripa) por su inmoralidad. También Juan calló cuando habló la violencia. Herodes y Herodías seguirían muy locuaces; pero con la mancha de la sangre del don, y la marca del asesinato del regalo de Dios, ¿qué palabra podrían pronunciar que no causase repudio?

El nacimiento del Mesías y la Sagrada Familia, tuvieron precursores en el nacimiento de Juan y la familia que formaba con Isabel y Zacarías. “¿Qué va a ser este niño?”: el que comenzó como regalo de Dios acabará como tal si no abandona el sentido de gratuidad y alabanza a Dios.









Evangelio según San Lucas 1,57-66.80.
( Tema musical: "Ut queant laxis"-Siglo XIII)
Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo.
Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella.
A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre;
pero la madre dijo: "No, debe llamarse Juan".
Ellos le decían: "No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre".
Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran.
Este pidió una pizarra y escribió: "Su nombre es Juan". Todos quedaron admirados.
Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.
Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea.
Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: "¿Qué llegará a ser este niño?". Porque la mano del Señor estaba con él.
El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.




 




domingo, 17 de junio de 2012

Todo se lo exponía con parábolas

Los árboles y el resto de plantas no se quejan ni entonan canto de triunfo; su progreso viene definido en lo que llevan dentro desde sus comienzos como semilla. Si ese proyecto incoado se encuentra con las condiciones favorables, un día podremos encontrar en ellos nidos de pájaros y espigas para la cosecha, pero no antes. La espiga no puede venir adelantada, pues rompería el tallo aún tierno y tampoco las aves pueden anidar en el arbusto de la mostaza inmaduro, porque troncharían sus ramas recientes.

El Maestro nos invita a color de trigo y de arbusto para explicar el Reino; como cuando a los niños se les da un papel con un contorno dibujado para que ellos lo coloreen en su interior a su gusto. Habrá variedad de color, con rayas a borbotones, pero no dejará de verse la casa o el perro o el globo... Así las parábolas acercan lo grande a los pequeños con el armazón evangélico y el color de la mente y corazón propios. También los profetas recurrían a los ejemplos de lo cotidiano, como aparece Ezequiel en la lectura que acompaña a este evangelio. El brote arrancado de las ramas más altas se convertirá en un gran cedro para humillar a los árboles altos. Donde pone rama tierna, veamos a Israel, y donde dice árboles altos, entendamos a las otras naciones. También puede interpretarse como el triunfo de los humildes de Dios sobre los poderosos.

Nos detenemos un momento en las parábolas del evangelio y su relación con el Reino. En las dos imágenes de Jesús se habla de proceso: lo pequeño en forma de semilla produce lo grande en forma de espiga o arbusto. El contenido de cuanto tiene que llegar a ser una y otra pepita, de trigo o de mostaza, está ahí mismo condensado; de fuera vendrá acción para favorecerlo o retrasarlo e incluso frustrarlo, pero sin que se le pueda añadir nada más a lo que desde el principio está relatado en el silencio de la semilla.


La semilla (no nos dice de qué, pero parece seguro que es cereal) que crece sola: al sembrador le corresponde sembrar y la aparición del brote y su crecimiento escapa a su ministerio. Pertenece al misterio propio de la semilla. El esfuerzo del sembrador estaba en la siembra y el resto queda a merced de la propia naturaleza del grano. Además, el proceso sigue un orden donde cada momento del desarrollo llega a su tiempo hasta que finalmente sucede la siega. El fin de la semilla inicial fue producir más granos, de los que la mayor parte de ellos se destinarán a la nutrición y una pequeña para la nueva siembra.

La semilla de la mostaza contrasta con su obra

final, el arbusto con dimensiones de árbol. El árbol dará también alimento, pero no solo, también reposo y cobijo de pájaros. El ave entenderá la semilla de mostaza como alimento, pero cuando se encuentra con el arbusto, le sirve para anidar. Lo diminuto pasaba desapercibido vulnerable e insignificante, a no ser que uno repare el fin que tiene contenido dentro. Aunque los pájaros no sean conscientes y, al comerse una semilla de mostaza, se coman todo un arbusto productor de semillas, los que cuidan el huerto serán los que, conscientes de la grandeza latente del grano, velarán para que cumpla su destino a su tiempo. Lo que era uno solo, dará mucho.

A esto se parece el Reino de los Cielos: grandeza en lo pequeño, proceso paulatino pero cierto, misterio que escapa a la acción del hombre, multiplicación en el fruto.










Evangelio según San Marcos 4,26-34.

Y decía: "El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra:
sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.
La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga.
Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha".
También decía: "¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo?
Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra".
Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender.
No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.






















El Evangelio de san Marcos subraya el ritmo lento y el comienzo modesto de la Palabra de Dios que se siembra en el corazón del hombre. Jesús es el sembrador y cuantos lo escuchamos, somos tierra que habrá de fructificar en su momento.










11° DOMINGO ORDINARIO Pbro. Lic. José Luis Aguilera Cruz aguileracruz@yahoo.com.mx

"El reino de los cielos es como una semilla."

MENSAJE EN PARÁBOLAS.

Una parábola la podemos definir como una narración que remitiendo a otro acontecimiento lleva a cabo un proceso en que se compromete el oyente o el lector; y puede referirse a sucesos que han acontecido realmente o que han sido inventados. Pero un punto importante de la parábola es que se propone crear un compromiso entre el autor, el texto y el destinatario, no solamente se trata de enseñar ciertas verdades sino de comprometer al oyente con la realidad que está viviendo, para qué tome parte en la realidad. San Marcos nos presenta en el evangelio de este domingo 4, 26-34 dos parábolas en las que compara el reino de Dios con cosas tan comunes como una semilla.

LA SEMILLA QUE CRECE SOLA.

En los primeros versos de esta parábola, Jesús cuenta la parábola de la semilla que crece sola, el sembrador "siembra la semilla y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece y llega el tiempo de la cosecha", si Jesús quiere que nos involucremos en esto, ¿qué nos está diciendo con ésta parábola? Si nos fijamos el hombre solamente interviene en la siembra de la semilla y en la cosecha de los frutos, lo demás lo hace Dios, o Dios ha puesto en la naturaleza de la semilla lo necesario para hacer lo demás, pero si el hombre no pusiera eso que le corresponde, Dios o la naturaleza no harían nada. Esto nos invita a ser responsables de lo que nos corresponde, sea poco o sea mucho, pero es necesario hacer lo que nos toca.

LA SEMILLA DE MOSTAZA

En los siguientes versos, Jesús vuelve a poner otro ejemplo, para descubrir otro aspecto del reino de Dios, contó la parábola de la semilla de mostaza, que es una semillita muy pequeña y llega a convertirse en un gran arbusto, nuevamente podemos interpretar esta parábola desde otro aspecto, en las cosas de Dios, en las cosas del reino de los cielos generalmente, lo grande comienza de modo orgánico, es decir comienza en pequeñas dimensiones, pensemos en Juan Diego, hoy ya santo, un indígena "de poco valor" para los españoles de ese tiempo, sin embargo es el instrumento por el cual la virgen de Guadalupe, se aparece y se queda en México, así son las cosas de Dios, el mensaje nos pide hacernos pequeños.

LAS PARÁBOLAS, HOY.

Ya que las parábolas tienen la intención de que el oyente o lector se involucre en la narración y esto de cómo resultado un meterse responsablemente a los problemas que señala la parábola, entonces hoy el Señor Jesús nos invita a que confiemos en la providencia divina, pero esa confianza nos debe llevar a no ser confianzudos, y cumplir nosotros lo que nos toca para que Dios actúe y que no importa si nuestra actuación aparentemente es muy pequeña o poca, lo más seguro es que si hicimos lo que nos corresponde, Dios hace lo demás, como los discípulos llevaron ante Jesús los cinco panes y los dos peces y Jesús dio de comer a multitudes.