domingo, 31 de octubre de 2010

De ti procede el perdón, así infundes respeto (Salmo 129)

El domingo anterior reflexionábamos sobre la parábola del fariseo y el publicano para concluir que nuestra oración tiene que ser humilde como la del publicano. Este domingo se nos pone delante otro publicano, Zaqueo, de modelo de cómo esa misma humildad lleva a reconocer el propio pecado y a querer cambiar en las obras concretas. Pero propiamente hay que decir que el centro de la celebración no es Zaqueo, si no la misericordia de Dios, que es la que posibilita la conversión del publicano. Esta idea aparece en las oraciones colectas: "Señor de poder y misericordia", "recibir la efusión de tu misericordia"; en la primera lectura y en el Evangelio.

La misericordia de Dios consiste en que Dios se acerca al ser humano para comprenderle, perdonarle y ayudarle en sus necesidades y problemas. Tiene esta doble dimensión, que van unidas, de compasión y perdón.

No es raro pensar que quien está siempre dispuesto a perdonar a los demás, es señal de su debilidad, porque no puede defenderse. Sin embargo hay que caer en la cuenta que se requiere mucha más fortaleza para perdonar que para vengarse. Por eso recordamos con el salmo 129: "de ti procede el perdón, así infundes respeto".

La primera lectura de este domingo, del libro de la Sabiduría es una bonita explicación de la misericordia de Dios:

"Te compadeces de todos..." La misericordia de Dios no es perdón para nosotros y venganza para nuestros enemigos. Para el corazón de Dios todos somos dignos de compasión.

"...Porque todo lo puedes..." El poder de Dios se manifiesta en su misericordia. Puede sobreponerse a la ofensa, puede controlar sus deseos de ira y venganza. Volvemos a repetir que aquí reside el verdadero poder y no en otro sitio.

"...Cierras los ojos a los pecados de los hombres..." Ver el mal que hace otra persona puede ser para la persona descubierta una humillación. En ese sentido Dios cierra los ojos a los pecados de los hombres, no en el sentido de que no quiera saber nada. El pecado del hombre tiene consecuencias negativas para él mismo y para los demás y aquí Dios si toma partido por evitarle esas consecuencias.

"...Para que se arrepientan" La finalidad del amor de Dios es que uno mismo se dé cuenta de su error y cambie. No hay otro modo de llevar a la conversión que no sea por medio del amor. La imposición a la fuerza, los castigos, las humillaciones... vencen pero no convencen.

"Amas a todos..." A todos, también a los que no nos caen bien, a los que nos hacen mal, a los que no se lo merecen. ¿Cómo podría no amar un Padre lo que es fruto suyo?

"A todos perdonas..." El amor se manifiesta en el perdón. Si no perdonamos a los demás es que no sabemos amarles.

"Amigo de la vida" Es una expresión certera. Dios ama la vida, no la muerte, ni el mal, ni la enfermedad... Su amor es la sabia que nos fortalece, al agua que nos da vida, la gracia que nos alegra. Una imagen de Dios que es preciso pregonar ampliamente entre todos los creyentes.

"...Corriges poco a poco a los que caen..." Dios respeta el ritmo de crecimiento de cada uno. Acompaña pacientemente el crecimiento de su semilla, sin forzar las situaciones ni a las personas.

"...Les recuerdas su pecado y lo reprendes..." Son dos expresiones claves para que se dé el perdón. Recuerda el pecado, no para humillarnos, sino para que nos demos cuenta; y "lo" reprende, el pecado, no al pecador; es decir nos hace comprender el mal que causa a los demás y a nosotros mismos y cómo nos dificulta la relación con él.

"...Para que se conviertan y crean en Ti, Señor" La finalidad última es que el ser humano encuentre su camino de realización personal, que se da en Dios.

Ante la gran misericordia de Dios, el ser humano puede tener distintas posturas. No es raro ver gente que piensa: "Si Dios está dispuesto siempre a perdonarme, lo mismo da hacer el bien que el mal". Lo que nos puede llevar a burlarnos del amor de Dios. Terrible pecado. La mejor respuesta es la conversión. Es decir el reconocimiento humilde del propio pecado y el cambio de mentalidad y el cambio de vida, de obras. Zaqueo representa esa humildad en el reconocimiento del propio pecado y una conversión concretada en obras: devolvió lo que no le correspondía. Puede ser que nuestros arrepentimientos y conversiones sean simples palabras, pero no se concreten en nada en la vida ordinaria. Porque no somos humildes para reconocer el propio pecado, porque no somos valientes para cambiar el mal que hemos hecho, porque somos incapaces de concretar el amor hacia los demás...

La gran misericordia de Dios es una invitación a acercarnos a él humildemente para dejarnos querer y comprender. Es una invitación, también, a saber llevar ese perdón y esa compasión a las personas con las que convivimos.










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Juan Segura comenta el episodio de Zaqueo en elcantarovideo, la sección de elcantarodesicar.com en el domingo 31 de octubre de 2010.











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31º DOMINGO ORDINARIO. Pbro. Lic. José Luis Aguilera Cruz aguileracruz@yahoo.com.mx

"Hoy llegó la salvación a esta casa"

LOS PUBLICANOS Y JERICÓ.

En este domingo 31 ordinario y 31 de Octubre, leyendo el famoso pasaje de Zaqueo (Lc 9, 1-10), san Lucas desde el inicio se presentó como un hombre de ciencia, diciendo que ha investigado todo diligentemente desde sus orígenes (Lc, 1,3), pues él es el único evangelista (escritor del evangelio) que nos presenta el pasaje que hoy leemos en la celebración Eucarística. Zaqueo era un Publicano, éstos eran odiados por el pueblo, pues cobraban exageradamente los impuestos y la parte de la que tenían que rendir cuentas, eran llevadas a Roma, nada quedaba para el bien de Israel, por eso el odio con el que eran tratados, pues hoy Jesús se encuentra con el jefe de ellos: Zaqueo. Por otro lado, Jericó es una de las ciudades más antiguas del mundo, data de hace unos 10 000 años a. C. a 240 metros debajo del nivel del mar, ciudad productora de palma datilera.

ZAQUEO, JEFE DE PUBLICANOS.

Con todo lo dicho anteriormente podemos deducir que el tal Zaqueo, tenía su dinerito, cobrando impuestos en una ciudad tan fértil y siendo jefe de los cobradores de impuesto, tenía la oportunidad de hacerse rico, y según el texto no había desaprovechado la oportunidad de tener acceso al dinero, él dice que ha defraudado a otros v. 8; sin embargo san Lucas nos presenta a Zaqueo como alguien interesado en conocer a Jesús, al principio pudo ser una búsqueda superficial, solamente lo quería ver. Pero en el corazón de aquel hombre también había nobleza, por eso Jesús no condena nada más porqué sí a los publicanos, en varias ocasiones los pone en el lugar de los salvados, de los que se acercan a Jesús y comen con él (Lc 15, 1), éste es un buen hombre que al escuchar a Jesús su corazón dejará de ser de piedra para serlo de carne.

EL ALTO Y EL CHAPARRO.

Zaqueo con todo su dinero no había podido aumentar un centímetro a su estatura, pero el gusto de ver a Jesús lo hace: correr y subirse a un árbol para ver a Jesús cuando pasara por ahí v. 4. Vemos a un hombre realmente interesado en conocer a Jesús. Aquí encontramos también otro detalle interesante, el chaparro, el publicano, el apegado a lo material, el pecador queda arriba, mientras Jesús el hijo de Dios, el maestro, el grande, queda abajo, y el hijo de Dios que no considero que debía quedarse con su condición divina, sino que se rebajó haciéndose semejante a los hombres tiene que levantar los ojos, que solamente hace para orar con su Padre Dios que está en los cielos, para ver ahora al chaparro, para ver a Zaqueo. Pero Jesús que conocer el corazón de cada hombre, conoce la materia con el que está hecho el corazón de Zaqueo y le dice: "Zaqueo, bájate pronto porque hoy tengo que hospedarme en tu casa" v. 5.

"LA SALVACIÓN LLEGÓ".

Mientras todos comentan "Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador" v. 7, Jesús ve el corazón de Zaqueo, y descubre la bondad que hay en él, muy en el fondo, pero hay bondad. Zaqueo después de la charla con Jesús se decide a cambiar y se juntan ese día los dos elementos la presencia de Jesús y la conversión del corazón del hombre, así sucedió también con el "buen ladrón", con Magdalena, y hoy también puede suceder contigo, ante la presencia de Jesús y la conversión del corazón Jesús le dice a Zaqueo: "Hoy llegó la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido" vv. 9-10. Así como a Zaqueo, hoy sencillamente Jesús busca que la salvación llegue a tu casa, a tu corazón, se necesitan dos cosas: la presencia de Jesús en ti, de la que no puedes dudar y el deseo de conversión en tu corazón.












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Evangelio según San Lucas 19,1-10.

Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad.

Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos.

El quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura.

Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí.

Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: "Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa".

Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría.

Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: "Se ha ido a alojar en casa de un pecador".

Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: "Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más".

Y Jesús le dijo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido".










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Día 31 XXXI Domingo del Tiempo Ordinario

Cristo un corazón que perdona

Evangelio Lc 19, 1-10 Entró en Jericó y atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos y rico. Intentaba ver a Jesús para conocerle, pero no podía a causa de la muchedumbre, porque era pequeño de estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, porque iba a pasar por allí. Cuando Jesús llegó al lugar, levantando la vista, le dijo: —Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me quede en tu casa. Bajó rápido y lo recibió con alegría. Al ver esto, todos murmuraban diciendo que había entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo, de pie, le dijo al Señor: —Señor, doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si he defraudado en algo a alguien le devuelvo cuatro veces más.
Jesús le dijo: —Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también éste es hijo de Abrahán; porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.










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Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad.
Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos.
El quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura.
Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí.
Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: "Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa".
Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría.
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: "Se ha ido a alojar en casa de un pecador".
Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: "Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más".
Y Jesús le dijo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido".