
Esta escena es trasladable a los tiempos actuales. Hoy, entre tantas preocupaciones, angustias y ocupaciones, las prisas nos atenazan. Tenemos tanto que hacer, tantas cosas que solventar, que nos hemos olvidado de saber escuchar. Digo saber escuchar que no es lo mismo que escuchar. Para saber escuchar ha de existir primero silencio interior. Saber escuchar es comprender en qué punto se encuentra el otro en su camino de búsqueda, en sus problemas o en su felicidad. Saber escuchar requiere paciencia, entrega y generosidad. Para saber escuchar se ha de estar disponible y aceptar a las personas tal y como son. El silencio se ofrece por amor porque de lo que se trata es que quien comunica sienta acercamiento, acogimiento y respeto. Saber escuchar es disfrutar, incluso, de lo más insignificante de la conversación pero si uno no se sabe escuchar a si mismo difícilmente podrá escuchar a los demás.
ORACIÓN:
Que sepamos descubrir, Señor, cómo todas las criaturas están llenas de tus perfecciones, para que así, en todas ellas, sepamos contemplarte a ti.