domingo, 27 de diciembre de 2009

Vive los valores evangélicos

Celebramos la fiesta de la Sagrada Familia, que nos pone como modelo a la familia de Nazaret: Jesús, José y María. Nuestras familias serían mejores si imitásemos los hijos a Jesús, las madres a María y los padres a José.

Hoy en día se discute, desde distintos ámbitos, la familia entendida en su forma tradicional: padre, madre e hijos; quizás con algunos abuelos. Y se quiere "confundir" con otras formas de familia que la Iglesia respeta, pero, en principio no puede equiparar a una familia surgida del matrimonio como sacramento. Por eso me ha llamado la atención este comentario homilético de "Misa Dominical", nº 16, pág. 46:

"La fiesta no quiere consagrar una forma concreta de familia. La consagración de la institución familiar no significa, no obstante, la consagración de ninguna forma concreta que la familia haya podido tener a lo largo de la historia. Se han de evitar dos errores igualmente perniciosos: El de aquellos que, por defender a la familia, se niegan a cualquier cambio imponiendo modelos familiares que no se corresponden a las exigencias actuales, o bien el de aquellos que por rehusar, quizás con razón, algunos aspectos de la familia tradicional, rehusan la familia misma. La familia se define y se construye en el amor. Si se forma con, en, por y para el amor, se le pueden aplicar aquellas palabras del evangelio: "Se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre la roca. Vinieron los vientos y las tempestades pero no hundieron aquella casa". Amor que significa responsabilidad, respeto, preocupación por los demás, afecto, entrega".

La segunda lectura, que escuchamos en este día, nos presenta un elenco de valores que se pueden vivir en la familia y en la Iglesia. Es normal entender que la familia es el lugar adecuado para aprender y vivir determinados valores humanos y religiosos, que no se aprenden fácilmente en otros ámbitos. Me ha llamado la atención lo claro que es, en este sentido, el libro de Cáritas del tiempo de Adviento y Navidad –de hace ya unos años–: "Como la gallina a sus polluelos" (Pág. 121), que presenta esta enumeración de valores o principios:

"Algunos principios:

Propiciar el diálogo sincero, para un mejor conocimiento y comprensión.

Renovar los gestos del amor, aunque sean sencillos, para evitar la rutina, que mata calladamente.

Crecer en la confianza, que es hija del amor verdadero, sin anidar sombra alguna de engaños o de celos.

Sentirse responsable del otro ofreciendo la ayuda necesaria, pero respetando siempre su misterio.

Pedir el perdón necesario, por lo que hemos hecho mal o por lo que hemos dejado de hacer; no acostarse nunca con resentimiento.

Un paso más cada día en el camino del amor, mejor servicio, mejorar la relación, mejorar el trato, mejorar la conversación.

Vigilar para vivir la gratuidad, evitando cualquier tipo de posesión, exigencia o recompensa, en las palabras, en los cuidados, en los silencios, en los gestos. Hay muchas maneras de herir al otro. El amor no hace sufrir si no es para mejorar.

No ser blandos y complacientes a la hora de educar. No hay fruto sin esfuerzo y sin poda. Sepamos exigir lo que el otro está llamado a ser.

Contar con la presencia de Cristo y la ayuda de Dios. La fe es nuestra victoria y la oración nuestra fuerza mayor".

El valor por excelencia del cristianismo es el amor. La familia es la mejor escuela de amor que puede tener una persona y un cristiano. El citado libro de Cáritas, en la Pág. 122, presenta "Lo que EL AMOR HACE" de John Powell:

"El AMOR TE ACEPTA tal como eres.

AFIRMA tu bondad y tus dones.

SE PREOCUPA por ti, quiere saber que estás bien.

TE IMPULSA a que te desarrolles plenamente.

EMPATIZA: sabe lo que se siente siendo tú.

TE ANIMA a que creas en ti mismo.

ES AMABLE en tu trato contigo.

GUARDA LOS SECRETOS: tus confidencias están a salvo.

ES BONDADOSO: siempre te apoya y está a tu lado.

SE RÍE MUCHO, siempre contigo, nunca de ti.

BUSCA TU BONDAD y la encuentra.

HACE QUE TE SIENTAS satisfecho de ser tú mismo.

NO TIENE EN CUENTA tus absurdas vanidades y debilidades humanas.

ORA por tus necesidades y por tu crecimiento.

VE en ti aspectos positivos que los demás no han visto.

COMPARTE contigo su ser mostrándose tal como es.

HABLA A TU FAVOR cuando necesitas que te defiendan.

TIENE TACTO incluso cuando se enfrenta contigo.

ASUME LA RESPONSABILIDAD de su propio comportamiento.

TE DICE LA VERDAD siempre y con honestidad.

PIENSA en ti y en tus necesidades.

ES DURO o TIERNO, según lo que necesites.

COMPRENDE tus altibajos, te permite tener «malos días».

Que la Sagrada Familia: Jesús, José y María estimule y protreja a nuestras familias, para que llevemos una vida más digna de nuestra condición de Hijos de Dios, miembros de la gran familia que es la Iglesia.


Dios deja a su Hijo en la tierra

Domingo Sagrada Familia Adviento. Ciclo C
Si 3, 2-6.12-14; Sal 127, 1-5; Col 3, 12-21; Lc 2, 41-52

Hoy, día de la Sagrada Familia, recordemos a tantas familias abrumadas por sus problemas. Y preguntémonos: ¿Es la familia de Nazaret un espejo donde ellas pueden mirarse? ¿O sólo es el modelo para las familias perfectas?

La familia de Jesús tuvo problemas. Unos venían de fuera: las angustias de la pobreza, del rechazo de la gente, del desamparo, de la persecución, del destierro… Otros nacían dentro: las dudas de José, mientras María, indefensa, veía cómo se humedecían los ojos de su esposo; el hijo, que traía a sus padres de cabeza. No comprendían sus palabras ni sus actitudes, cuando despuntaba su autonomía personal: “Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Como ocurre hoy entre tantos padres e hijos. Pero la familia es el triunfo del amor, que tiene su origen en Dios, a cuya imagen fuimos creados.

Las tormentas familiares, ante el Amor, se convierten en arco iris de paz, en comunión de vida. Ahí, en la realidad más hermosa, importante e influyente de la humanidad, aprendemos a crecer como personas.

En algunos ambientes, se ha absolutizado un modelo de familia de “solidaridad cerrada”- mi sangre, mi grupo, mi raza-. Jesús relativizó el valor de este tipo de familia: “mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y cumplen su voluntad” (Lc 8, 20-21). En Nazaret se amaron con ese amor que sabe salir de sí, perdonar, dialogar, confiar, respetar, comprender, darse a los demás. “Su uniforme era: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión…y, por encima de todo esto, el amor”.

Cristo, conviviendo en una familia, purificó y redimió esta realidad para convertirla en fuente de bendición y alegría, en sacramento de la presencia de Dios. Él vino para dar vida a una gran familia en el Espíritu: los creyentes que, sentados a la mesa de Cristo, son un espacio amoroso de humanización, de personalización, de encuentro gozoso con el Señor, de interioridad, de fuente de solidaridad y libertad, de búsqueda común de respuestas y soluciones a los problemas del momento. Ojalá nuestra Iglesia peregrine en esa dirección y que suceda igual con nuestras familias para que sean una íntima comunión de vida y de amor, una cuna y escuela de humanidad y una iglesia doméstica.

La Eucaristía es una experiencia de familia. Celebra el amor del Padre, entregado en el Hijo y en el Espíritu, y el amor de los hermanos, congregados para compartir la misma mesa. Que venga a nosotros el Reino. ¡Sed felices!






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Reflexión en vídeo de Juan Segura para la web elcantarodesicar.com correspondiente al domingo de la octava de Navidad, el 27 de diciembre de 2009, en la fiesta de la Sagrada Familia.





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DOMINGOS CON JESÚS. Pbro. Lic. José Luis Aguilera Cruz.aguileracruz@yahoo.com.mx

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 2, 41-52. 27 de Diciembre del 2009.


DÍA DE LA SAGRADA FAMILIA

-Cuando Jesús cumplió 12 años fue con sus padres a Jerusalén, los padres se regresaron a su tierra y Jesús se quedó en la ciudad, ellos se regresaron a buscarlo y lo encontraron hasta el tercer día.

-Al encontrarlo María le dijo: Hijo mío, ¿porqué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia él respondió: ¿Porqué me andan buscando ¿no sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?.

-Ellos no entendieron, Jesús volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad, María su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Jesús crecía en saber, en estatura y a favor de Dios y de los hombres.


PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXIONEMOS.

-La Familia de José María y Jesús, son una familia normal, tienen costumbres religiosas, tienen un hijo adolescente que empieza a darse cuenta de su identidad, pero aquí se vive la obediencia como la base del orden familiar.

-Jesús se empezaba a dar cuenta de que su verdadero Padre era nada menos que el Dios de Israel, sin embargo entiende que por ahora debe estar sujeto a sus padres terrenos para vivir su filialidad divina.

-Ciertamente se debe enseñar a los hijos la virtud de la obediencia pero la enseñanza inicia cuando los padres la viven ellos también, cuando ellos deben ocuparse en las cosas de su Padre.

-Y lo contrario: los padres enseñan a sus hijos la desobediencia cuando ellos no se preocupan ni se ocupan de las cosas de su padre, por lo tanto de ti depende tener hijos obedientes o desobedientes.

QUE MARÍA Y JOSÉ, INTERCEDAN ANTE SU HIJO Y LOS BENDIGA EL PADRE, EL HIJO, Y EL ESPÍRITU SANTO.