
Hemos de aprender a vivir, hemos de aprender a mirar, hemos de aprender a buscar en la mirada y el consejo de un anciano, en un detalle con un compañero de trabajo, en un gesto de amor entre los esposos y con los hijos, en el trabajo bien hecho de nuestro quehacer cotidiano, de asombrarse no sólo de aquello que es nuevo para nosotros sino de encontrar grandeza en lo que es común, de aprovechar el tiempo en el servicio a los demás...
Elimina de tu vida el aburrimiento. Aprende a vivir abriendo tu espíritu. Hazlo con generosidad sabiendo encontrar en cada gesto y cada actitud, por muy insignificante que sea, la belleza y la novedad. Como en este cuadro de Veermer, donde la aparentemente inmóvil silueta de la criada en la cocina, iluminada por la luz que proviene de la ventana, genera una intensa fuerza interior por la activa humanidad de la mujer en contraste con la quietud del ambiente. Esta obra, una de las más apreciadas del pintor holandés, tiene un mensaje sencillo: destacar la simplicidad de lo doméstico. Del valor de lo cotidiano si se hace con amor, entrega y cariño.
ORACIÓN:
El trabajo, Señor, de cada día nos sea por tu amor santificado. Convierte su dolor en alegría de amor que para dar Tú nos has dado.