
María, madre de Dios y madre nuestra, recoge a su hijo en sus brazos. Su dedicación y entrega fue total. Tocada por la gracia antes de nacer, manifestó su entrega total en el anuncio de Gabriel. Durante toda la vida pública de Jesús permaneció a su lado, desde la boda en Caná a la muerte en la Cruz. María estuvo siempre junto a su hijo. Como madre sabe que los vástagos tienen su propia vida, pero en ningún momento quiere abandonar su vocación de madre, y digo vocación porque no es obligación sino una entrega, total y verdadera.
Cristo ha muerto, pero María lo recoge en sus brazos como si aún fuera el niño pequeño que mecía en el pesebre.
Sus brazos cubierto de blanco se muestran impolutos, no están manchados por la sangre de la muerte sino por la pureza del amor. María es madre, Cristo ha muerto pero ella sigue entregándole su vida; así es el amor de una madre. La entrega total.
ORACIÓN:
Danos, María, poseer tu amor encendido, tu entrega diligente y humilde, tu generosa actitud de servicio a los demás.