miércoles, 27 de julio de 2011

Celtas

Celtas
El hallazgo de una arcaica lengua común demuestra que los pueblos indoeuropeos tienen su origen a partir de un solo pueblo, localizado en las estepas del mar Negro, entre los años 4500 y 3500 a.C.

Hacia el tercer milenio, los cambios climáticos, la presión de otros pueblos o la búsqueda de tierras más fértiles y de nuevos pastos para el ganado, provocaron que este primitivo núcleo indoeuropeo comenzara su expansión, penetrando en Europa oriental y dando lugar a nuevas culturas entre las que están los Celtas, aquellos pueblos bárbaros que un día fueron llamados Keltoi por los griegos.

Hacia 1200 a.C. “Edad de Bronce”, el oriente de Francia y occidente de Alemania, lo ocupa una comunidad precelta que incineraba a sus muertos y guardaba sus cenizas, que recibió el nombre de los Campos de Urnas.

Hacia el s. VIII a.C. “Primera Edad de Hierro”, esta civilización empezará a decaer dando lugar a una cultura que trabajaba el hierro y que ya es considerada Celta, la Cultura de Hallstatt. Esos pueblos, ayudados por la superioridad de sus armas comenzaron a extenderse, llegando en el s. VII a.C. a la Península Ibérica.

Hacia el s. V a.C. se desarrolla la llamada Cultura de La Tene, en la “Segunda Edad de Hierro”, durante la cual los Celtas alcanzan su máximo esplendor, ocupando ya toda Francia, Bélgica, el norte de Italia, las Islas Británicas y extendiéndose por los Balcanes y Asia Menor.

Eran pueblos de raíz aria, tribus independientes frecuentemente enfrentadas entre sí, que nunca tuvieron un concepto de estado aunque, originalmente, sí tuvieron en común una cultura, una lengua y unas creencias religiosas.

En su sociedad, formada por familias que se unían en clanes, las mujeres administraban los bienes y las tierras, mientras que los hombres ejercían el poder, la política y la guerra. Aunque también hubo famosas reinas y guerreras.

Fueron pueblos belicosos, amigos de la libertad, dedicados a la agricultura, la minería, la ganadería y la caza.

Vivían en aldeas amuralladas, en casas de hechas de piedra, con forma ovalada o circular y tejados de paja.

Introdujeron el hierro en el continente europeo y tenían un completo sistema legislativo que disponía de derecho civil, penal, matrimonial y sucesorio.

Su sociedad estaba encabezada por Reyes y Druidas.

El Rey era el jefe supremo de los guerreros, pero en las asambleas estaba supeditado al Druida, tomando la palabra cuando él lo autorizaba.

Los Druidas constituían una clase sacerdotal con mucho poder en la estructura social. Participaban activamente en la vida política, social, jurídica, cultural y religiosa del pueblo, formando junto al Rey la cabeza del poder.

El siguiente lugar en la escala social lo ocupaban los Guerreros. De espíritu valeroso, su creencia en la reencarnación y en otra vida, hacía que se enfrentaran en la batalla sin el más mínimo temor a la muerte.

Buscaban la lucha cuerpo a cuerpo, utilizando emboscadas y tácticas de guerrilla, pero carecían de estrategia militar. Preferían morir a ser derrotados y cortaban la cabeza de sus enemigos en reconocimiento a su valor, pues para ellos, en la cabeza estaba el espíritu del hombre y en ella residía su fuerza y su coraje.

En caso de necesidad, también las mujeres luchaban, caracterizándose por su valor.

Después, estaban los Artesanos, encargados de fabricar las armas y todo tipo de objetos y utensilios.

A continuación, los Hombres Libres, el pueblo formado por comerciantes, ganaderos y campesinos.

Por último los Esclavos, que solían ser prisioneros.

Por su extensión, la cultura Celta alcanzó una gran importancia, hasta que a partir del s. II a.C. los pueblos germanos empezaron a ejercer una fuerte presión militar por el norte y los romanos por el sur. La Galia es ocupada y una gran parte del territorio Celta absorbido por el Imperio Romano. Aún así, mantuvieron la adoración a sus dioses hasta que el Imperio adoptó la fe cristiana.

Pero el cristianismo ayudó a mantener el legado cultural Celta, transmitido oralmente de una generación a otra.

A partir del s. V, los monasterios recopilan las antiguas leyendas, que han podido así llegar hasta nuestros días.

Los grupos que habían llegado a la Península Ibérica se fusionaron con los primitivos asentamientos ibéricos, dando lugar a la cultura Celtibérica.






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Escenas e imágenes de la cultura celta, viviendas, vestimentas, arte y tradiciones.