martes, 6 de octubre de 2009

La Batalla de Clavijo

Según algunas leyendas, durante los reinados de Aurelio, Silo y Mauregato, se vivió en tierras cristianas una época de paz que el último de estos reyes trató de prolongar mediante un pacto con los musulmanes, en el que se comprometían a entregar él y sus sucesores, cien jóvenes doncellas cada año a cambio de que fueran respetadas sus tierras.

Cuando el rey Ramiro I llegó al trono se propuso acabar con tan vergonzoso acuerdo y se negó al pago del tributo.

En consecuencia, se cuenta que el año 844 se libró una cruenta batalla en tierras riojanas, concretamente en las inmediaciones del Clavijo, entre las tropas musulmanas de Abderramán II y las cristianas, muy inferiores en número.

Tras los primeros combates, los cristianos estaban siendo severamente castigados y se apuraron a buscar refugio en el monte Clavijo, donde se dispusieron a pasar la noche en espera de un amanecer que, a buen seguro, habría de ser el último, teniendo en cuenta la superioridad del enemigo.

Pero mientras el rey rezaba en busca de alguna ayuda divina, se apareció ante él el Apóstol Santiago, que le animó a enviar a las tropas a la batalla sin miedo, pues él estaría luchando de su lado.

Y así fue, al amanecer, los cristianos se presentaron en el campo de batalla dispuestas a vencer o morir, cuando el Apóstol, montado sobre un caballo blanco, apareció dispuesto a capitanear unas tropas que al grito de: “Santiago y cierra España” consiguieron una heroica victoria.







La Batalla de Clavijo, una de las más célebres batallas de la Reconquista, se produciría en el denominado Campo de la Matanza, en las cercanías de Clavijo, La Rioja (España), fechada el 23 de mayo del año 844.



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El Castillo de Clavijo es un lugar donde se respira magia, emoción e incertidumbre.

Allí, en su entorno, se desarrolló una sangrienta batalla en la que tomó parte el Apóstol Santiago quien, montando su Caballo Blanco, saltó al mismo centro del campo de batalla, para ayudar a aniquilar a los invasores.

En la roca donde posó el Caballo sus patas traseras, quedó una huella que fué vista y venerada durante varios siglos aunque, hoy, ya no se puede encontrar.

Sin embargo, podemos ver otra huella del mismo Caballo conservada en el Museo-Relicario del Monasterio Riojano de Cañas. Esta huella se encontró en el campo de la batalla de las Navas de Tolosa, en el 1212, batalla en la que también intervino el Apóstol Santiago.