
Por muy frágil que sea nuestra vida, el cristiano tiene una misión evangelizadora. La difusión de la verdad. “Nos aprietan por todos los lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados”, prosigue san Pablo. Ante las dificultades, ante los impedimentos, ante los oprobios, valentía de hijos de Dios. En una sociedad como la actual es difícil declararse cristiano porque eso nos puede acarrear problemas con los compañeros de trabajo, con algunos familiares y con aquellos que se dicen nuestros amigos. Pero como los apóstoles —vasijas de barro frágiles y delicadas— es la oportunidad para testimoniar nuestra fe en Cristo. Es el momento de dejar constancia de nuestra misión como hijos de Dios. Los cristianos debemos ser apóstoles de la verdad sabiendo sufrir como Dios sufrió.
ORACIÓN:
Oh Dios, que has puesto la plenitud de la ley en el amor a ti y al prójimo, concédenos cumplir tus mandamientos para llegar así a la vida eterna.