martes, 30 de agosto de 2011

En el consuelo de su regazo

La cuna (BERTHE MORISOT)
En un mundo artístico dominado por los hombres, Berthe Morisot fue una pintora de estilo muy personal y de gran talento, la más importante de las féminas impresionistas. Todos sus cuadros, dominados por los colores suaves y cálidos, por un sentido del equilibrio y de la luz, por las grandes y rápidas pinceladas y calidades transparentes y tornasoladas, tienen una especial delicadeza y sutilidad. A diferencia de muchos impresionistas a los que gustaban los paisajes y los motivos relacionados con la vida moderna, Berthe pintó escenas de la vida doméstica o de mujeres con niños, ejemplos de la más viva intimidad familiar. Este es el caso de este cuadro. Una madre joven aparece reclinada sobre la cuna donde su hijo, recién nacido, duerme plácidamente. Madre e hijo gesticulan de igual manera. Es la viva imagen de la generosidad del amor sin límites. El sentimiento del verdadero amor maternal. La madre es, como nos dejó escrito Juan Pablo II, «sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la vida». La ternura de una madre, de un padre, de un hijo, de un compañero de trabajo sólo puede salir de un corazón libre, lleno de riqueza interior donde fluya la dulzura y la felicidad de Dios. Porque la ternura exige humildad y sencillez. Capacidad de dar y ofrecer amor, afecto y respeto a la vez. Capacidad de ser compasivos y benevolentes con bondad de corazón y amplia generosidad. Tiernos en los momentos en lo que todo es favorable y en aquellos en que todo es tenso y complicado. A ser tierno se aprende dando cada día amor, con vida sobrenatural y abriendo nuestro corazón a los demás con la sencillez que brota de nuestra alma.











ORACIÓN:

Señor, ilumina la mente de nuestros hijos para que conozcan el camino que Tú has querido para ellos, para que te puedan dar gloria y alcancen la Salvación. Sosténlos con tu fuerza, para que alienten en su vida los ideales de tu reino.

lunes, 29 de agosto de 2011

La bruja de Soria

La Bruja de Soria
Una joven de la ciudad de Soria me contó - hace algunos años- que allí donde vivía, en las casas bajas que están junto al Instituto que entonces era sólo para chicas, había una vecina con una hija muy guapa que trabajaba como costurera en su propio hogar. Quizá porque la chica iba siempre muy bien vestida y provocara la envidia de las viejas zarrapastrosas que habitaban algunas de aquellas humildes casas, o por lo que fuera –que el mal no necesita razones para manifestarse-, había otra vecina del mismo barrio que sentía verdadero odio por la hija y la madre. Un día que la muchacha iba a comprar al mercado se encontró por la calle del Collado con ella, la anciana de pelo blanco.

-Buenos días, señora Valeria.
Dijo la chica cortésmente.

La joven la conocía desde pequeña y siempre le había dado un poco de miedo: era una vieja huraña que vivía sola, sin más compañía que la de dos gatazos negros, y cuando se asomaba a la ventana del patio que estaba al lado de la chica miraba mal y nunca saludaba. Alguna vez se le oía mascullar palabras ininteligibles y hacer gestos de desagrado. En esa ocasión, la señora, como de costumbre, no contestó al saludo, pero –después de dar unos pasos en dirección contraria a la joven- retrocedió sobre sí y encarándola le dijo:

-Tú en todos los sitios me tienes que ver.
Y añadió:
-Pero tu madre ya no me verá nunca.

La muchacha volvió a su hogar, pero no se atrevió a contarle nada a su madre, porque estaba delicada de salud y no quería asustarla. A los pocos meses, la madre murió y la modista se quedó sola en casa. Como la vieja le había anunciado empezó a verla en todas partes. Creía verla en el pasillo andando a pasos cortos y con la espalda encorvada, su pelo blanco meciéndose en la penumbra como una centella. La veía en las paredes cuando estaba cosiendo y levantaba la cabeza. La veía siempre.

Se encontraba la joven una noche terminando de recoser un vestido de lunares que había sido de su madre y se fue a la cocina a terminar de fregar los platos y beber un vaso de leche. A su vuelta, encontró el vestido pillado en la puerta. Esto le ocurrió varias veces, cada vez que se descuidaba y dejaba la labor por unos momentos.

La chica estaba tan desesperada ya que llegó a clavar las tijeras en la pared porque pensaba que la vieja de pelo blanco se le aparecía riéndose desde ella. Entonces, se lo contó al abuelo de la joven que me narró la historia, que era hombre de campo que sabía mucho de las hierbas y de su uso, pero también de hechizos y tretas de las brujas. Éste trajo una ruda, que es una planta de flores amarillas que huele muy raro, y le dijo a la aterrada muchacha que la colgara en la puerta de su casa. Y la odiosa bruja de pelo blanco no volvió a aparecer.

Este texto es versión apenas retocada en lo sustancial del relato que me contó, a principios de la década de los 80, una joven Soriana que –por aquel entonces- tenía 17 años y cuya trascripción fiel de las palabras de la informante fue ya publicada en una colección de cuentos (Díaz 1988: 60-61). Ella lo narraba como un suceso que había ocurrido al lado de su casa y que –sin duda- oiría contar a miembros de su familia. Uno de ellos –su abuelo- aparece, de hecho, como uno de los personajes de la historia y no de los menos importantes: gracias a él y a su sabiduría tradicional el argumento se resuelve felizmente con la expulsión de la bruja.

Todas estas circunstancias venían a mostrar que –a pesar de lo que parecen haber dado por supuesto algunos recopiladores de folklore- los adolescentes urbanos (y no sólo las ancianas del medio rural) venían ya siendo por aquellos años transmisores muy activos de tradiciones orales. Y lo que es más importante: creían –y creen- en lo que ellas dicen. Por ejemplo, en que hay brujas capaces de surgir en el aire, y –al rato- desvanecerse.

Pero es que, además, la misma muchacha contaba otras historias de aparecidos con absoluta credulidad. Así, ésta –no menos inquietante- que sigue:

«Era un señor que se suicidó en un pozo y como no lo pudieron enterrar en el Camposanto su alma estaba vagando por ahí. Los hijos empezaron, entonces, a oír ruidos por las noches. Una de las hijas notaba que alguien la pellizcaba y, luego, vieron que –en efecto- tenía todo el cuerpo cubierto de cardenales. Al hermano –que estaba impedido el pobrecito- le compraron un sillón de mimbre y, según estaba sentado, notó que algo o alguien rascaba el respaldo y los brazos del mismo: ras, ras, ras».

Tales aparecidos y brujas parecían ser, pues, al entender de la joven, más reales que «las brujas de Barahona», a las cuales nunca vio nadie. Ya explicaba Florentino Zamora Lucas en su obra sobre leyendas de Soria que, aunque en esa villa hay una llanura conocida como el «Campo de las brujas», no se sabe el origen de tal denominación ni por qué se le dice a Barahona «pueblo de las brujas»; para Zamora Lucas se trataría de un error de atribución debido a la confusión de Barahona de Soria con un pueblo de Navarra del mismo nombre –hace tiempo despoblado- en el que sí debió de haberlas (Zamora Lucas 1984: 268).

La bruja de Soria, sin embargo, con ser bruja de ciudad, responde a una receta o «defensa» de eficacia bien probada en el campo contra las hechicerías, lo que viene a demostrar que es una bruja como Dios manda, de las que hacen «aojamientos» con el maleficio de su mirada o entran mágicamente en las viviendas de los vecinos para causar daño; a veces, convertidas en gatos o alimañas. En muchos lugares las plantas que se ponían o quemaban para ahuyentar las brujerías eran aromáticas, «generalmente la ruda cantrosia (potente germicida), el orégano y otras, no faltando quien sustituía el azufre por cuernos de cabra» (Rúa Aller y Rubio Gago 1986: 178).

Pero entre todos los remedios, el de colocar y hacer arder la ruda –hierba vivaz del género rutáceas- en «fumazos» o sahumerios fue siempre uno de los preferidos. Se pensaba también que la sola presencia de esta planta a la puerta de la casa, como en nuestra leyenda, servía de protección contra el aojamiento o la maldición. Y de ahí el refrán:

«Allí donde haya ruda/ no morirá criatura» (Díaz 1986: 60).

Lejos de ceder la costumbre, si uno se fija bien, puede verse que las rudas vuelven a coronar el umbral de las casas de muchos pueblos castellanos y leoneses, pero también de otras zonas de España. De este modo, ningún mal ni encantamiento brujeril podrá entrar por sus puertas.


jueves, 25 de agosto de 2011

Breoghán

Breoghán
El pueblo de los Escitas, situado al norte del mar Negro, estuvo gobernado por Fenius, tataranieto de Noé y uno de los constructores de la Torre de Nimrod – Torre de Babel -. Fenius envió a setenta y dos estudiantes a recorrer el mundo aprendiendo sus lenguas.

Su hijo Nel, que nació en la torre, se educó en el conocimiento de todas esas lenguas y su fama de sabio era tan grande, que fue invitado a Egipto por el Faraón, donde residió un tiempo y se casó con su hija Scota.

Con ella tuvo un hijo llamado Gaedheal Glas, que dio origen a la tribu de los Gaedhil.

Sus descendientes recorrerán durante trescientos años el Mar Caspio, parte de Asia y el Mediterráneo. Liderados por Brath y a bordo de cuarenta barcos, llegaron a la Península Ibérica, donde vencieron en tres importantes batallas a tres tribus locales:

Los Toisona, los Bachra y los Longbardoidh.

Brath tendría un hijo llamado Breoghán, que heredó el mando de su padre y acabó imponiéndose a las tribus peninsulares, asentándose de forma definitiva y fundando la ciudad de Brigantia –hoy La Coruña-, en la que reconstruyó la torre de un antiguo faro, que pasará a llamarse Tor Breoghán hoy –Torre de Hércules -.

De los diez hijos de Breoghán, hay que destacar a Ith, que más tarde viajará a Irlanda y a Bile que fue el padre de Golamh, conocido como Mil de España.

Los hijos de éste conquistarán Irlanda.





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jueves, 18 de agosto de 2011

Museo Nacional Arqueológico de Tarragona

Fragmento  vaso monumental Forum  provincia
El Museo Arqueológico de Tarragona se formó durante la primera mitad del siglo XIX, aunque algunas de las piezas que actualmente forman parte del museo son conocidas desde el siglo XVI. Es, por tanto, el más antiguo de Cataluña en su especialidad.

La importancia histórica y monumental de la ciudad romana de Tárraco, capital de la Hispania Citerior, y de los yacimientos arqueológicos de sus alrededores, han proporcionado al Museo una importante y rica colección de materiales arqueológicos. El Museo se ha convertido, de este modo, en el centro de conservación y difusión de unos testimonios materiales que ilustran el proceso de romanización de la Península Ibérica y que, en definitiva, quieren hacer comprensibles las formas de vida de este periodo.

El museo pasó a tener caracter público a partir de su traspaso a la Comisión provincial de Monumentos, organismo oficial constituido en 1844. En 1849 se reunieron en un mismo local este museo y el que estaba formando desde 1844 la Sociedad Arqueológica Tarraconense con materiales procedentes en su mayor parte de los trabajos realizados en la cantera del puerto. En 1852 apareció el primer catálogo del conjunto de piezas expuestas.

Después de una serie de problemas que provocaron cierres intermitentes, el Museo se consolidó definitivamente y ocupó, durante mas de cien años, parte del actual edificio del Ayuntamiento en la plaza de la Font. En 1960 se trasladó al edificio que ocupa actualmente, construido de nueva planta como museo, sobre un fragmento de la muralla romana.

Croquis de Tarragona
Conjunto de piezas expuestas
Actualmente, las intervenciones arqueológicas sobre el conjunto de Tárraco son casi la única fuente de ingreso de materiales en nuestro museo, con un aumento muy considerable de depósitos procedentes de los principales monumentos y de otras zonas de interés de la ciudad y de su área de influencia (teatro, circo, anfiteatro, necrópolis, etc.).

Conjuntos Arqueológicos
El Museu Nacional Arqueològic de Tarragona gestiona los siguientes equipamientos: Museo Arqueológico, Museo y Necrópolis Paleocristianos (sección monográfica dedicada a la conservación in situ y a la difusión de este conjunto cementirial), el edificio de Servicios Centrales (donde se encuentran la biblioteca especializada en historia y arqueología clásica, los almacenes y los servicios técnicos) y los importantes conjuntos arqueológicos de las villas romanas de Centcelles (Constantí) y de Els Munts (Altafulla).






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Tarragona. Un viaje entre pasado y presente.

martes, 16 de agosto de 2011

Villa y Mausoleo Romano de Centcelles

Vista de la fachada principal de Centcelles
La instalación de una base militar en Tárraco (capital de la Hispania Citerior), en el año 218 aC, potenció la ocupación del territorio que la rodeaba y el establecimiento de villas destinadas a la explotación agrícola. A lo largo de época imperial, las villas del ager tarraconensis adquirieron cada vez un papel más importante al cumplir una doble función, ya que eran tanto instalaciones agrícolas, como lugares residenciales donde sus propietarios y amigos disfrutaban de la naturaleza, el reposo y el tiempo libre.

Hacia mediados del siglo 1 aC se construyó el primer asentamiento romano en Centcelles, documentado por los hallazgos romanos de la excavación de una parte del yacimiento de época tardo-republicana. Más tarde, entre los siglos I y II dC, se construyó en Centcelles una villa de época altoimperial, de la cual solo se conserva una parte muy reducida de su planta, que consiste en un gran espacio, delimitado por muros, donde se localizaron recipientes o dolia para almacenar productos agrícolas. En la segunda mitad del siglo III dC se realizaron diversas reformas y se ampliaron las estructuras anteriores.

Restos de la Villa Romana de Centcelles
Las edificaciones ahora visibles en el yacimiento corresponden fundamentalmente a la parte más monumental de la villa que fue ideada y construida a mediados del siglo IV, en una fecha que todavía discuten los investigado-res del monumento. Esta villa, de planta rectangular alargada y con más de 90 metros de fachada, tenía un amplio sector destinado a vivienda, con baños y una sala absidal. Parece que durante las mismas obras de construcción se modificó el proyecto y se añadieron otras termas. Asimismo, se produjo una transformación del uso de la sala central circular, donde se construyó una cripta, y se decoraron sus paredes con pinturas y mosaicos.

La sala de planta circular con la cúpula de mosaico tiene en su interior cuatro hornacinas que en su época iban recubiertas con pinturas y mosaico. Por debajo del mosaico de la cúpula, se han conservado también restos de pintural mural, como un grupo de casas, el busto de una mujer joven, unos antílopes y una serie de motivos geométricos. La cúpula estaba cubierta en su totalidad por un mosaico polícromo con varias escenas distribuidas en tres zonas: en el friso inferior se reproduce una escena de caza; en el friso intermedio se representan dieciséis escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento, separadas por columnas, mientras que en el friso superior, ua representación de las cuatro estaciones del año alterna con otras cuatro escenas donde figura un personaje sentado y acompañado por diferentes personas. La composición del mosaico acaba con un medallón central, del cual sólo se conserva un grupo de pequeñas cabezas.

El mosaico de la cúpula
Aunque Centcelles conserva el mosaico de cúpula de temática cristiana más antiguo del mundo romano, la interpretación del monumento es todavía incierta.

Restos de la Villa Romana de Centcelles
Según algunos investigadores, éste fue el mausoleo imperial de Constante, asesinado en el año 350 dC, y a quien se ha identificado como el dominus de la villa que aparece representado varias veces en el mosaico. Según otros, el lugar estaría destinado a recibir los restos de algún miembro de la iglesia -un lector, un presbítero o un obispo- ya que los asientos de los cuatro personajes sentados no serían tronos sinó cátedras y representarían diferentes jerarquías en la escala de la carrera eclesiástica. Otros, en cambio, piensan que las figuras sentadas se podrían interpretar como un matrimonio de la alta aristocracia y hay incluso quien duda de la función del edificio.





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lunes, 15 de agosto de 2011

La Asunción de la Santísima Virgen al Cielo

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Tomado de un sermón que dio el Padre Domingo Arteaga de aquí de Cd. Obregón Sonora, este relato refleja como fue la Asunción de María a los cielos, ejemplo de recompensa para quienes siguen el camino de Dios hasta el final de sus vidas. No quiere decir que nosotros fuéramos llevados al cielo en cuerpo y alma, como lo hizo con María, la Virgen y Madre de Dios, en realidad quizás no lo merezcamos, pero al menos sabemos que Dios es misericordioso y que nos tendrá en cuenta las buenas obras que hagamos en La Tierra.








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La Virgen María fue Asunta al Cielo en Cuerpo y Alma
Festividad: 15 de agosto

Asunción significa que María fue llevada en cuerpo y alma al cielo por el poder de Dios, a diferencia de la Ascensión del Señor que lo hizo por su propio poder.

LA DEFINICIÓN DOGMÁTICA

El Papa Pío XII, en la Bula Munificentissimus Deus, del 1-XI-1950, proclamó solemnemente el dogma de la Asunción de María con estas palabras:

Pronunciarnos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste" (DZ. 2333).

lunes, 8 de agosto de 2011

Atentado en Noruega









Si pinchas la imagen puedes entrar en la página web de rtve.es y leer las noticias relacionadas con el doble atentado que ha sufrido Noruega donde El primer ministro noruego, Jens Stoltenberg, lo ha calificado como "la peor tragedia" desde la II Guerra Mundial.












Si pinchas la imagen puedes entrar en la página web del periódico la razon.es y leer la noticia del doble antentado de Noruega en el que han muerto al menos 92 personas y donde han detenido a un hombre que es identificado como ultraderechista y fundamentalista cristiano y aun la policía esta buscando a un posible cómplice.

jueves, 4 de agosto de 2011

La fragilidad del éxito

Degas pasó muchas penurias económicas que le obligaban a pintar cuadros con los que poder pagar las numerosas deudas que afectaban a la estabilidad económica de la familia. Para agilizar el trabajo y percibir pronto las remuneraciones, realizó un gran número de monotipos –un tipo de grabado pintado con óleo o tinta de impresión sobre una placa de cobre virgen- como es el caso de este pastel que nos muestra la figura de una delicada bailarina en el centro de un escenario. La observamos desde un palco, transportada por la fragilidad de sus movimientos. El juego de luces del teatro cae sobre ella en el más puro estilo impresionista. Degas nos ofrece la imagen de una estrella, en el momento cumbre de su éxito. ¡El éxito! Vivimos en una sociedad donde hay una difundida cultura que nos exige ser los mejores, los más guapos, los más inteligentes, los más osados, que sólo valora aquello que parece bello. Una moda cultural que ensalza el éxito, la carrera rápida, la existencia sin proyectos, el culto a lo inmediato. Una cultura que nos dice que la alegría se compra con el dinero y con el éxito. Ese no es el camino que nos lleva a la alegría de la vida. Ese es el camino que nos conduce al placer superficial y efímero de los sentidos. Quien tiene éxito en la vida es aquel que en todo momento repudia la jactancia, detesta la vanidad, reniega de la mediocridad… La mejor manera de perder algo es creer que ya lo has conseguido. El éxito lo consigue quien se esfuerza, quien se sacrifica, quien se entrega, quien tiene constancia siempre con un punto de mira sobrenatural que nos aleja de la mezquindad del yo y de la vanidad pueril. Yo, sin Jesús, no soy más que un mediocre. Lo vano carece de solidez en relación a la vida eterna.











ORACIÓN:

Oh Dios, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras súplicas y, pues el hombre es frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia para guardar tus mandamientos y agradarte con nuestras acciones y deseos.