jueves, 30 de diciembre de 2010

La cueva del diablo y la leyenda del hombre sin sombra (Salamanca)

Quienes, antiguamente, iban a estudiar a la universidad de Salamanca se topaban a menudo, como los estudiantes de ahora, con la dificultad y el desánimo. Aprender cualquier cosa no es sencillo, lleva mucho tiempo y esfuerzo y, por eso, muchos de estos bachilleres, que pronto se lanzaban a la juerga y distracciones que la ciudad les ofrecía, caían en una diabólica tentación: ser sabios en un día, licenciarse de golpe sin estudio. Y existía, según se contaba, una manera para conseguirlo: ir a una extraña escuela-diferente a todas- en donde el propio diablo enseñaba nigromancia. Pero para estudiar artes mágicas si no demasiada ciencia sí hacía falta gran valor.

A espaldas de la catedral, en la parroquia llamada de San Cebrián que otros decían de San Cipriano, había una secreta entrada a una especie de cueva. Era ésta en realidad un amplio subterráneo con varias criptas u oquedades. Tres jóvenes hidalgos vascos, audaces y decididos, que habían ido a estudiar teología en Salamanca –y entre los que estaba un tal Don Juan de Atarrabio, más valentón y arrojado que los otros-, oyeron hablar de la cueva demoníaca y les pareció bien averiguar si lo que de ella se contaba era verdad o superchería.

Con otros estudiantes –que los había de leyes y medicina en aquel grupo- se aprestaron a entrar una noche por el angosto arco que daba a las espaciosas estancias de aquella cueva, también llamada de Clemensín, siguiendo al sacristán de la iglesia que les servía de guía y era reconocido criado del mismo diablo. Según él les indicó, tenían que penetrar allí totalmente desnudos y resistir el pavor que les podrían causar los murciélagos, víboras, sapos y arañas que –a buen seguro- intentarían ponérseles encima. Una vez dentro, el sacristán les indicó que se colocaran en torno a un extraño personaje: tenía una broncínea cabeza de burro y estaba sentado sobre un magnífico sillón que presidía la sala. A este siniestro oráculo deberían decirle qué oficio querían aprender. Los vascos dijeron que pretendían ser sacerdotes y la cabeza, con una voz que parecía humana resonaba como golpes de ultratumba, contestó:
-Así sea. Pero uno de vosotros ha de quedarse conmigo, pues ése será sacerdote de mi iglesia.
Cuando el diablo hubo terminado sus lecciones, los estudiantes –haciéndose los distraídos respecto a lo que aquél les había hecho prometer- fueron saliendo en fila de a uno desde el fondo de la cueva, todos tras el sacristán que se daba más prisa que nadie. Pero el diablo, a la puerta de salida, les sujetaba por el brazo preguntándoles:
-¿Eres tú el que se quedará conmigo a aprender toda mi ciencia?
Y todos, muy asustados, le contestaban lo mismo:
-No, no soy yo: es el que viene detrás de mí.
El último en salir fue Atarrabio, que fiado en su fuerza y queriendo –como siempre- hacer ostentación de su valor, caminaba despacio y con todo el aplomo del que era capaz en aquellas terroríficas circunstancias.
El diablo le dijo:
-¿Eres tú el último?
Y él, al sentirse cogido por el diablo con una mano que le pareció garra –a causa de la fuerza con que se clavaba en su brazo-, contestó todo lo serenamente que pudo:
-No soy yo, señor, agarrad al que todavía queda por llegar.
Era el día de San Juan y el sol proyectaba sus rayos implacables contra la entrada de la satánica oquedad. Entonces el diablo, viendo una sombra que avanzaba hacia el arco de la puerta, la tomó por el último estudiante, y ¡zas! Le clavó su espada. La sombra de Atarrabio quedó allí, ensartada sobre una losa del zaguán de la cueva, mientras él escapaba a todo correr.

Al cabo de poco tiempo, Atarrabio recibió los hábitos de sacerdote y fue enviado como pastor de almas a la parroquia de Barcos, donde destacó por su sabiduría y buen hacer, pero –aunque nadie parecía darse cuenta de ello- seguía sin su sombra. Sólo cuando celebraba la santa misa y levantaba la hostia para la consagración la sombra volvía a su sitio.
Un día cuando se encontraba Atarrabio con la sagrada forma en alto, notó que la hostia que sostenía en sus manos cada vez le pesaba más sobre su cabeza; miró para arriba y vio que, en realidad, estaba alzando no la hostia sino la broncínea cabeza de burro que le había hablado en la cueva. Cabeza que volvió a interpelarle diciendo:
-Por mucho que reces a Dios, tu sombra ya es mía y tu alma mía será.
Atarrabio vivía desde entonces angustiado, sin saber si la vida ejemplar que llevaba podría salvarle del infierno donde ya debía de estar su sombra, y no pudiendo soportar más tal desasosiego decidió pedir al sacristán de la parroquia que le ayudara a recuperarla. Así que le dijo que, cuando estuviera elevando al Santísimo en la misa, llegara con un hacha y golpeara a su sombra. Si quedaba como muerto sobre ella, no debía asustarse. Al contrario, le arrancaría el corazón y lo colocaría sobre un palo clavado a la puerta de la iglesia. Entonces, si se lo llevaban unos cuervos sería que se había condenado, y si lo cogía una paloma tal señal demostraría que conseguiría salvarse.

Todo lo hizo de esta manera el buen sacristán, y pronto empezaron a volar unos negros cuervos, graznando como enloquecidos, sobre el corazón ensangrentado. Cuando empezaban a picotearlo, surgió una paloma blanca y veloz que se abalanzó sobre él llevándoselo por los aires.

Fue todo muy rápido. Pero el sacristán todavía alcanzó a ver cómo paloma y corazón se remontaban hacia el cielo.

La creencia popular en que quienes hacían un pacto con el diablo perdían su sombra aparece ya en Gonzalo de Berceo (Milagros XXIV, v. 743), cuando se dice de Teófilo que había pactado con el demonio y que, por ello «siempre fo desombrado». Este motivo folklórico dio lugar –también- a varias leyendas dentro de la tradición vasco-navarra y vasco-francesa, en las que el protagonista es –a veces- un tal don Juan de Atarrabio que llegó a ser sacerdote. En alguna de ellas se relaciona al personaje –y a su satánico aprendizaje- con la Cueva de Salamanca, paraje real sobre el que circularon muchas historias desde antiguo (García de Diego 1958: 142).

El viajero alemán Münzer la visitó en 1494 y, tras compararla con la cueva de la Sibila de Cumas, da por cierto que «allí se pronunciaron oráculos», pero también afirma que «no hay nadie que sepa o crea haber oído que allí se practicara la magia»(1991: 217-219). No había inundado aún Europa la ola de histerismo que haría ver brujerías y artes diabólicas por todas partes, de modo que Münzer sólo encontró en la cripta un lugar semejante a aquellos otros que romanos y griegos dedicaban a practicas la adivinación. Pero, un siglo después, ya un catedrático de la universidad de Alcalá, Diego Pérez de Mesa, recogerá una tradición arraigada en el vulgo sobre la misma cueva, que incorpora a su leyenda al Marqués de Villena (Villar y Macías 1974: 72). En torno a la peripecia de este famoso nigromante en el antro donde el demonio enseñaba sus nada recomendables conocimientos van a girar los tratamientos literarios que, después, se harán del tema por parte de autores más y menos relevantes. No cabe citar aquí la larga lista de escritores –como Ruiz de Alarcón, Cervantes, Rojas Zorrilla, Botelho de Moraes o más tardíamente Walter Scout- que recrean o mencionan el asunto; ni la nómina no menos nutrida de tratadistas, desde Mesa y Torreblanca a Feijoo y, después, Villar y Macías ya en el siglo XIX. Casi todos inciden en la misma serie de motivos: la pérdida de la sombra por el marqués, los siete estudiantes –o más- que entraban a estudiar con el diablo en la cueva, la cabeza parlante que presidía la cripta…

El caso es que la fama de la cueva corrió tanto que, en varios países de América, como Argentina, Perú o Chile todavía se conoce con el nombre de «salamancas» a aquellas cuevas en que se aprenden saberes secretos. Curiosamente, la leyenda en cuestión no ha sido muy recogida por los antólogos del género, a pesar de su vitalidad escrita y oral. García de Diego ofrece una versión –entre los ejemplos navarros- con la historia de Atarrabio, en donde el tema de la cueva no se menciona (García de Diego 1958: 369-370).

Hubo una cueva, de la que aún se habla, y que Martín Del Río, experto perseguidor de magias demoníacas dice haber visto, si bien ya parcialmente tapiada -«a cal y canto»- por orden de Isabel la Católica (Del Río 1991: 109). Sobre el rumor inicial de que allí se enseñaban saberes que –con el tiempo- se tornarían sospechosos, fuéronse tejiendo novelescos relatos, como el que atañe al marqués de Villena, y adhiriendo otros que procedían de viajas leyendas, así la de «El hombre sin sombra».
Los supuestos magos que asistían a la cueva, probablemente eran –como ya he escrito en otro lugar- «no pícaros sacristanes ni traviesos Villenas, sino individuos que sabían de oráculos sibilinos» y buscaban enraizarse en una corriente de conocimientos que venía del mundo antiguo y que –con frecuencia- se convertía en perseguida por herética (Díaz Viana 2002: 59).










martes, 28 de diciembre de 2010

Día de los Santos Inocentes

El Día de los Santos Inocentes es la conmemoración de un episodio histórico o hagiográfico del cristianismo: la matanza de todos los niños menores de dos años nacidos en Belén (Judea), ordenada por el rey Herodes con el fin de deshacerse del recién nacido Jesús de Nazaret.

La iglesia católica recuerda este acontecimiento el 28 de diciembre, aunque de acuerdo con los Evangelios, la matanza debería haber sucedido después de la visita de los Reyes Magos al rey Herodes (uno o dos días antes del 6 de enero), aunque también la fecha de la adoración de los Reyes Magos a Jesús no tiene una fecha dada exactamente en las escrituras, que sin embargo citan dicha visita.

Conmemoración, bromas e inocentadas

En Hispanoamérica y en partes de España, este día se festeja el 28 de diciembre. Es costumbre realizar bromas de toda índole. Los medios de comunicación hacen bromas o tergiversan su contenido de tal modo que la información parezca real. Se trata de una libertad que se dan los agentes mediáticos para dar rienda suelta a su sentido del humor, oportunidad que solamente tienen una vez al año. Es tradición que los periódicos publiquen páginas enteras de noticias cómicas, con la advertencia de que es día de los inocentes, que van desde las que son una obvia mofa a cualquier suceso reciente, hasta las que parecen serias y engañan al lector desprevenido.

En algunas zonas de América es importante no prestar ningún bien, sea objeto o dinero, pues el prestatario es libre de apropiarse de los bienes. Este tipo de festejo ha venido a menos en años recientes y ya no es usual que la gente pida prestado con la esperanza de que el prestador no recuerde la fecha y se le pueda hacer mofa con la muy popular frase: «Inocente palomita que te dejaste engañar» o su versión ampliada: «Inocente palomita que te dejaste engañar, sabiendo que en este día nada se puede prestar».

Influencia pagana

En sus inicios esta celebración tuvo un carácter estrictamente religioso. Sin embargo, con el pasar del tiempo, otros elementos de carácter pagano fueron incorporados a ella. Se conoce por ejemplo, que en la Edad Media se celebraban con mucho bullicio y desorden en algunos lugares de Europa, la “Fiesta de los Locos” y la “Fiesta del Asno”. En la primera, se pretendía hacer una sátira mordaz del clero y para ello se elegía un obispo y en algunos casos, un papa de los locos. Estos personajes precedían todo un “carnaval” en el que la gente se enmascaraba o disfrazaba del modo más extravagante y ridículo, adoptando en muchos casos actitudes obscenas. Con frecuencia se observaban también personajes paganos como Baco (dios del vino), que desnudo, dirigía un carro tirado por un centauro macho y un centauro hembra también sin ropas.

En la “Fiesta del Asno” se realizaba también una ceremonia de carácter escandaloso en la que sus participantes, ingresaban al templo con gran jolgorio para ejecutar todo tipo de sátiras con el fin de poner en ridículo a los clérigos. La figura central era un asno revestido con hábitos sacerdotales al que dirigían hasta el coro para cantarle lo que se conocía como la “prosa del asno”.

Tanto la Fiesta del Asno como la Fiesta de los Locos, se celebraban entre los últimos días de diciembre y los primeros días de enero. Con el pasar del tiempo, llegaron a prohibirse por las autoridades eclesiásticas por los excesos que en ellas se cometían. Pese a ello, muchas de las costumbres presentes en estas fechas permanecieron y se las relacionaron con la fiesta de los “Santos Inocentes”

Bromas, sátiras y mascaradas

En nuestro medio, la tradición de celebrar la fiesta de los “Santos Inocentes” con sátiras y bromas, persiste desde tiempos de la colonia. La palabra “inocente” en este contexto, se refiere a alguien no tanto libre de culpa, sino más bien a alguien cándido y fácil de engañar. De allí que el sentido religioso de la fiesta se haya desvirtuado y que en esta fecha, se busque más bien poner en evidencia la inocencia de la gente a través de bromas y tomaduras de pelo, las mismas que se empiezan a realizar el 28 de diciembre y culminan el 6 de enero.

En Ecuador esta es una fiesta que a nivel nacional, se la celebra mas o menos en la misma forma en las principales ciudades: con mascaradas y sátiras.

En Cuenca, la fiesta de los Santos Inocentes presenta un particular interés por el entusiasmo con el que sus habitantes la celebran. El 6 de enero de todos los años, mucha gente de esta ciudad sale a las calles con todo tipo de disfraces. En la tarde de ese mismo día, se organizan comparsas (grupos de teatro popular) en un desfile de grandes proporciones en el que se satiriza los hechos y personajes más sobresalientes del año anterior. Existen clubes que se encargan año a año de la organización de estas comparsas para premiar al grupo más original y creativo.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Contra el estrés

Si la tensión que sientes
es excesiva o se prolonga
demasiado, puede que no consigas
remediar la situación por ti
mismo. No hay nada de malo,
sino todo lo contrario,
en buscar ayuda física,
espiritual y emocional
para poder superar
un período difícil.






viernes, 24 de diciembre de 2010

La Noche Buena

(Lc 2,1-14.) Resuena en nuestras comunidades el alegre canto de los ángeles: ¡Gloria a Dios en el cielo! Desde que hace ya más de 2000 años un niño nació en Belén, la historia de la humanidad dio un giro de 180 grados; Dios ha querido hacerse uno de nosotros.

"La palabra se hizo carne y acampó entre nosotros." Así se anuncia en el grandioso prólogo del evangelio de san Juan el gran misterio que celebramos hoy en la fiesta de Navidad: Jesucristo, la palabra de Dios que se hizo carne para estar con nosotros, es el único que puede invitarnos con fuerza a entrar en una vida nueva, que Él mismo nos prometió.

Y hoy, de una manera sencilla y pobre, tal y como estamos acostumbrados cuando hablamos de Dios, nace en Belén ese Mesías esperado desde la creación del mundo: Una vez más recordamos ese misterio que para nosotros se ha convertido en salvación: el nacimiento del Hijo de Dios, la Palabra Hecha Carne.

Cómo no amar y seguir a Dios hecho hombre…si creemos lo que no vemos…cuánto más amar y decidir nuestra vida por el que ha vivido entre nosotros; la Palabra se ha hecho carne; el Verbo eterno de Dios, el que vivía antes de la creación del mundo…se ha bajado y se ha hecho uno de nosotros…para hacer de nosotros hijos de Dios

Hemos de sorprendernos cada día con este hecho tan admirable…con la encarnación verdadera de Dios:

Dios se ha hecho uno de nosotros, Dios nos mira con ojos de niño, con la mirada tierna y dulce de un bebé recogido en los brazos de una Madre que nos lo ofrece con todo su amor. Como nos dice san León Magno en su homilía de Navidad, "alegrémonos, hoy ha nacido nuestro Salvador. No puede haber lugar para la tristeza cuando acaba de nacer la vida”. Esta invitación a vivir la alegría es una llamada para todos: al intelectual y al trabajador manual, a los artistas, educadores, hombres de ciencia, personas con responsabilidades públicas y simples ciudadanos, a los que sufren por la enfermedad, la soledad o las carencias de amor o de bienes indispensables para la vida, a los presos y a las personas que viven separadas de sus seres queridos.

Alegrémonos; hoy la salvación ha venido por Jesucristo al mundo y algo ha cambiado definitivamente desde entonces; y algo puede y debe cambiar en nuestra vida desde el calor de nuestra mirada, al compromiso de nuestra palabra que nos deja siempre ante la posibilidad de ser mejores.

Navidad: Tiempo de gracia, tiempo para acoger al Hijo de Dios hecho carne, tiempo para recibir a ese niño en nuestro regazo dándole nuestra propia vida. Aprendamos del Hijo de Dios que ha querido visitar a su pueblo para salvarnos.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Sentido trascendente del mito

Peregrinos bajo la niebla






Una vez esbozado el escenario histórico, intentaremos aproximarnos al significado primero, al trasfondo antropológico que fundamenta lo que las instituciones religiosas se encargaron de asumir y encasillar en los patrones del dogma ortodoxo. La peregrinación en sentido amplio es un hecho universal y definidor de todo culto, algo que, por conocido, tiende a olvidarse con frecuencia. Desde la prehistoria se constata la existencia de santuarios rocosos a donde se acudiría en busca de ritos propiciatorios (mágico-simpáticos), o, simplemente, de un contacto con la perennidad expresado en el arte parietal. Cavernas y abrigos, a veces de difícil acceso, llevan al hombre prehistórico de nuevo al seno materno, al útero primigenio, de donde se sale renovado, regenerado del gastarse cotidiano, o donde se gestan, en la penumbra, las luces cosmogónicas del bien y del mal, ocurridas in illo tempore y reactualizadas en cada ritual simbólico y mítico. El desplazamiento religioso a otros centros se verifica también en la protohistoria para lugares tan espectaculares como los cromlech o henges (Stonehenge en Inglaterra, es el más conocido y uno de los lugares sagrados más longevos de la humanidad), los alineamientos (como el de Carnal) o los sencillos menhires, todos ellos fruto del esfuerzo y las creencias de un grupo social durante siglos.

La genealogía del rito del desplazamiento hacia lugares donde se ha producido la manifestación divina, ya sea por una promesa, por la obligación o por simple esperanza de adquirir la liberación, tiene también correlato en Grecia. ¿Qué son los «juegos» de Olimpia, ¨Delfos, Corinto, Epidauro… sino una congregación ritual en un lugar sacro? Desplazamientos y concentraciones se documentan en el Lacio (Paestum, Calvi, Palestrina…), entre los iberos (los cerros con exvotos), los propios hebreos (templo de Jerusalén), los pueblos precolombinos y un interminable etcétera que únicamente refrenda la universalidad de este fenómeno.

Para todos ellos, y en particular para las peregrinaciones actuales extraeuropeas, la serie de preparativos y ritos a seguir durante la aproximación al lugar sagrado (un río –Ganges-, una montaña –Tibet-, etc) tienen rigurosa observancia, aunque nos interesa más este sentido último de contacto directo o vía despejada hacia el absoluto. Quizá uno de los casos más reveladores es el del Islam, que incluye entre sus preceptos básicos la peregrinación, al menos una vez en la vida, a La Meca (y a Medina, la casa del profeta). Lugar venerado por las tribus bereberes antes del nacimiento de Mahoma, la piedra negra o Ka’aba se concibe como el centro-pilar del mundo y el acercamiento a ésta supone la purificación y perfección del alma, que se expresa en gestos tanto internos (abstinencias, ascetismo, enmudecimiento, oración, etc.) como externos (abluciones, vestido talar de una sola pieza, no cortarse uñas ni pelo, ir descubierto, descalzo, etc.).

En todo caso, se trata de una práctica extensiva a todo grupo social y a todo individuo –como tal podríamos definir los modernos viajes para asistir a un espectáculo de los nuevos mitos sancionados por la televisión-, definitorio, por tanto, de la actitud propia del «homo religiosus».

Espacio sagrado y simbolismo del Centro. Las sociedades arcaicas o tradicionales conciben su mundo como un macrocosmos donde, por un lado, está el espacio organizado y habitado: el cosmos, su lugar, el mundo; y, por el otro, la región desconocida, la región de los demonios, el caos, la oscuridad y la muerte. El hombre está seguro, protegido por los dioses, mientras no salga de su espacio (no se trata de una salida tan sólo física) o el reino de las tinieblas no invada su mundo creando el desorden y la destrucción.

La experiencia de lo sagrado rompe la homogeneidad de ese espacio. Para nosotros, el espacio es geometría y exactitud descriptiva y positiva, somos capaces de conocer un espacio que no hemos visitado o no hemos medido con nuestros pasos, dominamos más allá de lo cotidiano, un lugar que habitamos, pero que no «vivimos», pero el hombre arcaico (preindustrial, precientífico…. como queramos llamarlo) concibe su espacio articulado en torno a un «centro», un lugar por excelencia donde se manifiesta lo sagrado en su forma total, bien por hierofantas elementales o por la forma más elevada de apariciones directas de los dioses. Este «centro» no es geométrico; las civilizaciones orientales tienen un número ilimitado de ellos, pero sin jerarquías.

Todos ellos son el «centro del mundo», pues son «espacios sagrados» otorgados por la divinidad, constituyendo una geografía sagrada y mítica, escasamente acorde con la geografía profana u «objetiva». Aquélla es la real, ésta es la abstracta. Si el espacio religioso es sagrado, el centro lo es por antonomasia, y acudir allí es «tocar» lo sagrado. Por ello su acceso tiene un valor iniciático que supone el tránsito de lo profano a lo sagrado, de lo efímero a lo duradero, de lo ilusorio a lo real. Se conquista así una nueva existencia.






En la protohistoria también se registraban desplazamientos religiosos a otros lugares tan espectaculares como este de Stonehenge, en Inglaterra

Dolmen de Axeitos, en Galicia






En las culturas que conocen las tres religiones cósmicas (cielo, tierra, infierno), el «Centro» es la intersección entre ella, lugar de fácil comunicación con el Cielo que en numerosas religiones recuerda a la antigua relación de proximidad entre dioses y hombres perdida por una falta grave que supuso un duro castigo y la necesidad de recurrir a intermediarios (sacerdote, chamán, etc.) para comunicarse con aquellos.

Varias tradiciones afirman esta encrucijada de lugares, auténtica «escala de Jacob» que es el «centro»: entre los romanos, el mundus es la unión entre las regiones infernales y el mundo terrestre. El templo itálico es la unión de tres niveles; Babilonia era Bab-ilam o «puerta de los dioses»; entre los hebreos, la roca y el templo de Jerusalén se asentaba y penetraba profundamente en las aguas subterráneas (tehom) toda ciudad oriental se asienta en el «centro del mundo», todo templo o palacio reconstruye una imagen arcaica: la Montaña cósmica, el Árbol del Mundo, el Pilar central que sostiene el orden estratificado del cosmos.

La construcción de un centro supone la recreación del mito cosmogónico sucedido en la época mítica, in illo tempore, aunque si este centro puede ser la propia casa (casa mogol, etcétera), la dificultad para acceder a él parece contradecirse, pues si peregrinar a los Santos Lugares es difícil, cualquier visita a una iglesia es una peregrinación, y si el itinerario del Centro está lleno de obstáculos, cada ciudad, templo o palacio se hallan en el Centro. Así se confirma la necesidad del hombre de vivir en el Centro, que agrupa dos tradiciones: las que sitúan su acceso fácil, pues nos hallaremos en él siempre, sin esfuerzo, y las que sitúan su logro con dificultades de tipo penitencial.






Peregrinos descansando en un campo de cereales ya segado







En este segundo caso se encuentra el Centro de peregrinación de Santiago. A pesar de que el simbolismo cristiano no remite al creyente a mitos y arquetipos, sino a la intervención histórica de la divinidad, éstos han sido recogidos por la tradición cultural de los pueblos donde se asentó, y fueron incorporados desde los primeros tiempos. Compostela constituye, con Jerusalén (centro primero) y Roma (tumba de san Pedro, cátedra del dogma) el trípode mediterráneo los «Centros» cristianos. Lugar cercano a las estrellas ( Campus stellae es una etimología propuesta algo a la ligera), a donde éstos se dirigen (pues la Vía Láctea señalaría ese camino al Oeste), este centro posee un sentido funerario que sacraliza su localización como tierra santa; esto es, que en-tierra a un personaje sagrado, y, también, como lugar de hierofanta o manifestación sagrada, como vimos en la leyenda de su retorno. A través de las reliquias que pautan el Camino, y en particular de ésta, su cuerpo, que es final y meta de las mismas, el creyente consigue acceso expedito a lo sagrado, logra participar del contacto con la divinidad que disfrutaba el difunto.

El culto a los santos encontró cierta oposición en los primeros siglos del cristianismo, pues recogía ritos funerarios paganos (banquetes de aniversario, etc.), pero pronto fue cristianizado (hacia el siglo II), adquiriendo una nueva dimensión cuando la sacralizad del ejemplo biográfico de los santos mártires pasó a depositarse en sus propios restos: era el nacimiento de las reliquias. Estas sirvieron muy bien para familiarizar al pueblo con el sentimiento paradójico de los misterios de la transubstanciación eucarística o de la Trinidad, los sacramentos, constituyéndose en un «paralelo fácil», accesible a los laicos, que además se acompañaba de la creación de centros religiosos (basílicas y martyriae sobre todo desde el siglo IV). En las reliquias había parte de Cristo, pues aquéllos habían llevado su vida según la imitatio Christi, y además toda inventio tenía consigo el anuncio de una amnistía divina. Los restos del Apóstol eran aún más cercanos físicamente a Cristo, y su historia proponía un exemplum de viaje como misión evangélica que el peregrino debía considerar cuando se aproximaba al lugar escogido cómo «Centro» del culto a los difuntos, naturalmente situado en el Occidente.






Urna del Apóstol en la Catedral de Santiago






A diferencia de la separación definitiva de los héroes clásicos respecto a los dioses en el momento de su muerte, los santos prolongaban esta unión y se convertían así en un puente, en una ruta hacia el Paraíso (acompañado de un difícil ascetismo físico durante el camino), sacralizando un lugar donde la divinidad se mostraba cercana, donde se abría la posibilidad de una ascensión mística, condición indispensable para la elaboración de un Centro.

«Centro de centros», etapa final de un rosario de reliquias, éste se sitúa, además, en el finis terrae, lugar peligroso donde el Espíritu del Mal habita y el caos está cercano; es la otra puerta, la del nivel inferior, que se ha cerrado gracias a la intervención histórica de Cristo, de su Apóstol. Pues en esto se diferencia el cristianismo del resto de las religiones, en que se renuncia a la reversibilidad del tiempo cíclico a favor de una irrepetibilidad de las hierofantas: Cristo vivió una sola vez, murió y resucitó en tiempo y lugar concretos, no en tiempo mítico. El tiempo se ontologiza, el instante se hace pleno y el suceso histórico sacraliza la victoria del bien que ha tenido lugar, pero debe ser convalidada por el comportamiento del creyente, cuya esperanza es la segunda venida de Cristo, destructora de la historia.






Faro de Finisterre, repleto de simbolismo






Tiempo sagrado y simbolismo del viaje. El tiempo tampoco es homogéneo en el mito, sino que se hace susceptible de volver sobre sí mismo mediante la fiesta. El illud tempus se inserta en el tiempo histórico y provoca varias rupturas periódicas, pues es superior y lo domina y pauta. En esencia, se trata de regenerar el desgastado Cosmos, de ahí que esta ruptura suela tener lugar en primavera (en relación con la cosecha) o Año Nuevo.

Los actos de celebración suponen una regresión al período mítico, con la consiguiente entrada en crisis del orden y el desvanecimiento de las barreras entre muertos y vivos, entre dioses y hombres. La forma, por el hecho de existir, se debilita, y para recuperar su vigor debe ser reabsorbida en lo amorfo, regenerada en la unidad primordial de donde salió, volver al caos (plano cósmico), a la orgía (plano social), a las tinieblas (simientes), al agua (bautismo cristiano, Atlántida histórica, etcétera). De ahí que muchas fiestas tengan implícito el carácter de muerte o desaparición del mundo (ekpirosis), que asume un plano de normalidad y carácter transitorio. En la fiesta el hombre es el depositario de la cosmografía, y como tal debe imitar los actos primordiales que originaron el orden.






Vidriera que representa a unos peregrinos ante el Apóstol. Catedral de León






El peregrino, por su parte, sale del tiempo histórico y penetra en lo sagrado, en la eternidad, pues, además de que abandona toda forma habitual de «contar» el tiempo y debe remitirse siempre a la naturaleza que le rodea y, más allá, al cometido que posee, ese tiempo es sacralizado porque permite hallar la pureza original: el perdón de los pecados y la renovación interior le otorgan un auténtico renacimiento espiritual. El peregrino es alguien implicado en un rito de paso de tipo liminar, pues éste se disgrega del tiempo y lugar paganos para ejercer una devotio temporal que se expresa a base de signos (amuleto, rosarios, conchas…) con tabúes de comportamiento (ascetismo de diverso tipo…). Antes de emprender el camino hay que purificarse: es la penitencia, un decoro del alma comparable al decoro corporal cuando se visita al señor territorial. Así, varios ritos segregan al peregrino de su comunidad (aun manteniendo lazos e incluso pudiendo aquél representar a ésta) y le preparan para una prueba en la que deberá superar su muerte ritual (separación de la comunidad) con la resurrección espiritual (purificación total y regreso). Las propias dificultades del camino son prácticas ascéticas, «la moneda del peregrino son sus pasos», como afirman Barret y Gurgand, pero muchas veces hay penitencia añadida: a pie y descalzo, de rodillas, cargando cruces y cadenas, disciplinándose, ayuno, silencio, petición de limosna, vigilia, hábito peculiar…

La ejecución material se transforma en una purificación por la vía de la ascesis y las pruebas que supone un «lavado del alma» paralelo al que debe realizarse al llegar a Santiago en Lavacolla. El premio es, por tanto, interior; pero también se logran las indulgencias, y más si acude en año jubilar. El jubileo compostelano (año santo) se celebra cuando la sacralizad del día del santo (25 de julio) se une a la sacralizad del domingo y fue concedido a partir de 1434. El año jubilar es una práctica antiquísima (primeras civilizaciones agrarias) que en los hebreos se celebraba cada 50 años, liberando a esclavos y perdonando a deudores. Su sentido recoge el carácter regenerativo aun el caso cristiano y el ritual que se acompaña en la catedral compostelana se aviene con lo que sabemos de esta tradición: apertura de una puerta (la Puerta Santa), un umbral que actúa de límite entre el mundo sagrado y el profano, rito de traspasarlo que equivale a agregarse a un nuevo mundo, al igual que reentraban a la Urbs los generales romanos victoriosos tras pasar por el arco triunfal.






Tres peregrinos caminan a lo largo de la senda jacobea






El valor simbólico de este tiempo marginal se ha usado en todas las filosofías. Para Platón, Plutarco o Marco Aurelio, la vida moral se explica con la metáfora de una peregrinatio cuyo recorrido debe precisarse y establecer las normas, las vías y las metas a seguir. Para Plotino, como los Padres de la Iglesia (que tanto le deben), la vida se orienta en un ascenso o vuelta a Dios, la perpetua peregrinatio era un perpetuo exilio, fuera de la ciudad (de la Jerusalén celeste), o sea que el cristiano es un peregrino por definición, pues se halla en la vida terrena, en el exilio de su verdadera patria: el Paraíso. Lo que afirma San Pablo: «Nosotros somos ciudadanos del cielo», o Cayetano de Thiene (1480-1547): «No somos sino peregrinos de viaje; nuestra patria es el cielo». Y el mismo Jesús: «Yo soy el camino, la verdad y la vida».






Imagen de la Cruz de Ferro






El término de la peregrinación es una ceremonia de agregación al grupo social por medio de una fiesta que compensa las penas y las celebra como la vuelta al mundo profano, el renacimiento del neófito, ahora iniciado. La consecución de una nueva vida, de un lugar en el centro del universo.






Una peregrina descansa

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Proyección 3D











Si pinchas la imagen puedes ver una bonita representación en 3D sensacional.

martes, 14 de diciembre de 2010

San Juan de la Cruz

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Noche Oscura, uno de los mejores poemas de San Juan de la Cruz, espero que os guste, tocada por el Grupo Jesed.










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Es un pequeño resumen de cómo vivió el Carmelo, de por qué es carmelita, y por qué es nuestro Padre y Maestro.

sábado, 11 de diciembre de 2010

viernes, 10 de diciembre de 2010

¿Qué significa virtual?

Un día que tenía mucha hambre entré apresuradamente a un restaurante. Escogí una mesa bien alejada del bullicio, porque quería aprovechar los pocos minutos que tenía ese día y utilizarlos para comer y concretar algunas ideas de programación, de un sistema que estaba desarrollando. Además, tenía ganas de planificar mis vacaciones, que desde hace mucho tiempo no sé lo que son.

Pedí una ensalada y un filete de salmón con alcaparras en manteca, para calmar el hambre voraz que tenía en ese momento.

Abrí mi ordenador portátil y mientras arrancaba el sistema operativo, me llevé un susto con aquella voz bajita detrás de mí:

- Señor, ¿me da algo de dinero?

- No tengo, pequeño.

- Por favor, sólo una moneda para comprar pan.

- Está bien, yo te compro uno.

Para variar, mi cuenta de correo estaba llena de e-mails. Me entretuve leyendo poesías, bonitos mensajes, riendo de esas divertidas bromas, etc. Ahhh! Esa música me trasladaba a México D.F., recordando un hermoso tiempo pasado.

- Señor, pida que le pongan al pan manteca y queso también!

En ese momento, me dí cuenta que el pequeño estaba a mi lado.

- Bien, pero después me dejas trabajar, que estoy muy ocupado, ¿de acuerdo?

Llegó mi comida y con ella la realidad. Hago el pedido del pequeño, y el camarero me pregunta si quiero que el niño sea retirado. Mi cargo de conciencia me impide tomar una decisión, y digo:

- No, no pasa nada. Deje que se quede. Traiga el pan y un plato de ternera con patatas fritas para él.

Entonces el niño se sentó frente a mí y preguntó:

- Señor, ¿que está haciendo?

- Estoy leyendo e-mails.

- Y ¿que son e-mails?

- Son mensajes electrónicos enviados por personas vía Internet.

Sabía que él no iba a entender nada y para evitar preguntas adicionales le dije:

- Es como si fuese una carta, pero que se envía por Internet en formato electrónico en vez de echarla al buzón del correo postal.

- Señor, ¿usted tiene Internet?

- Sí que tengo, es esencial en el mundo actual.

- Y ¿qué es Internet, señor?

- Es un lugar en la computadora donde podemos ver y oír muchas cosas, como por ejemplo noticias, música, conocer a otras personas, leer, escribir, trabajar, aprender. Tiene de todo, pero en un mundo virtual.

- Y ¿qué es lo virtual, señor?

Decido dar una explicación simplificada, con la certeza de que él poco va a entender, y me va a permitir comer mi almuerzo con tranquilidad.

- Virtual es un lugar que imaginamos, algo que no podemos tocar, alcanzar. Un lugar en el que creamos un montón de cosas que nos gustaría hacer. Creamos nuestras fantasías, transformamos el mundo en casi como quisiéremos que fuese.

- ¡Qué bueno! ¡Me gusta!

- Pequeño, ¿entonces has entendido lo que es virtual?

- Sí señor, yo también vivo en este mundo virtual.

- ¿Y tú tienes ordenador?

- No, ¡pero mi mundo también es de ese estilo, virtual! Mi madre pasa todo el día fuera, llega muy tarde y casi que no la veo. Yo me paso horas cuidando a mi hermano pequeño que vive llorando de hambre, y muchas veces le doy agua para que él piense que es sopa. Mi hermana mayor sale todo el día, dice que va a vender su cuerpo, más yo no entiendo, pues ella vuelve siempre con su cuerpo. Mi padre está en la cárcel desde hace mucho tiempo. Y yo siempre imagino a toda la familia junta en casa, mucha comida, muchos juguetes en Navidad, y yo yendo a la escuela para ser un gran médico algún día. ¿Esto no es virtual, señor?

Cerré mi ordenador portátil, no antes de que mis lágrimas cayeran sobre el teclado.

Esperé a que el niño terminase literalmente de "devorar" su plato, pagué la cuenta y le dí el cambio al pequeño, quien me lo retribuyó con una de las más bellas y sinceras sonrisas que jamás había recibido en mi vida. Y además con un "Gracias señor, usted es un maestro!".

Ahí, en ese instante, tuve la mayor prueba del virtualismo insensato en que vivimos todos los días, en cuanto a la cruel realidad rodeada de verdad, que hacemos como si no la percibiéramos!

martes, 7 de diciembre de 2010

Chema Madoz














Si pinchas la imagen puedes entrar en la página web del fotógrafo Chema Madoz ver sus obras maestras sobre papel y recrear la mirada con más de 300 fotografías realizadas desde los años 90 que componen el primer libro de la colección que La Fábrica editorial dedica a grandes artistas contemporáneos hasta la actualidad.











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Más de 300 fotografías realizadas desde los años 90 por el fotógrafo componen el primer libro de la colección que La Fábrica editorial dedica a grandes artistas contemporáneos.













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Fotografo prestigiado edita su libro con sus obras maestras.












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Fotografias de Chema Madoz con la banda sonora de la pelicula Saw.











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Chema Madoz es uno de los exponentes más representativos, en España, de la llamada poesía visual. Sus fotografías suponen un camino hacia la reflexión basada en figuras literarias, tales como la metáfora, la hipérbole o la ironía, figuras que traspasa al mundo de la imagen. Premio Nacional de Fotografía en el año 2000, el fotógrafo madrileño ha alcanzado un gran prestigio nacional e internacional avalado por numerosas exposiciones y varias publicaciones sobre su obra. Chema Madoz ha impartido un taller de fotografía en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de Málaga, auspiciado por la Fundación Gacma.












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En Chema Madoz, la imaginación al poder puede verse un vídeo con algunas de las fotografías incluidas en la última edición del libro «Chema Madoz. Ocurrencias y regalos (para la vista)» que La Fabrica ha dedicado "al fotógrafo de la paradoja".

lunes, 6 de diciembre de 2010

Homenaje a la Constitución Española, 2010













Homenaje a la Constitución Española en su 32 aniversario.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Tres años en dulce compañía

Este blog es blanca paloma
que refulge con luz sentida.
Sus voces sueñan aromas,
mecen tres años de vida.






miércoles, 1 de diciembre de 2010

Bajo la luz de su verdad

La conversión de San Pablo, el Apóstol de las gentes, es uno de los motivos más utilizados en la iconografía religiosa. Miguel Ángel no fue ajeno a este tema y creo para el palacio pontificio del Vaticano un soberbio fresco que refleja la intensidad de esta escena. Saulo, doblado en el suelo tras caer del caballo, escucha la voz de Dios –rodeado de la corte divina-, reflejada en el rayo luminoso que atraviesa el fresco cayendo sobre las gentes de su séquito. Es una pintura llena de simbolismo. La mano de Dios señala a Pablo, cegado por la luz divina mientras el resto de los personajes, perplejos y confundidos, dirigen su mirada hacia el cielo. A nosotros este fresco nos permite profundizar en la conversión del corazón. La conversión es un volver a Dios, sabiendo valorar las realidades terrenales bajo la luz de su verdad. Los hombres estamos tan preocupados por las circunstancias de lo cotidiano que no tenemos tiempo de detenernos a meditar cómo estamos viviendo nuestra vida y cuáles son las consecuencias de nuestros actos. El itinerario de la conversión interior nos conduce a la plena reconciliación con Dios y a vivir en plenitud la vida nueva en Cristo: una vida de fe, de esperanza y de caridad. La fidelidad a Cristo exige que lo tratemos en la intimidad de nuestra oración –como maestro y como amigo-. Él es el que jamás abandona. En nuestra conversación íntima con Él surgen siempre las respuestas cristianas –la luz divina- a nuestros más complejos interrogantes. Sólo desde una íntima unión con Jesús es posible la verdadera conversión del corazón. Porque Cristo es aquel que siempre nos precede y nos acompaña.
















ORACIÓN:

Señor, que me niegue a mi mismo para seguirte, que sepa cargar con la cruz de cada día para seguirte. Señor, protege mi camino para seguirte. ¡Aquí estoy, cuenta conmigo!.