El Evangelio del domingo de hoy presenta un debate entre Jesús y el diablo. Son las famosas Tentaciones de Jesús.
«Jesús es tentado» (Mt4,1)
Todo hombre es creado para vivir en una relación de intimidad y de amistad con Dios.
Adán se dejó seducir por el orgullo, la independencia por encima de todo, por el deseo de tener y de poder, por el deseo de ser como Dios.
Tras el pecado, se sintió desnudo delante de Dios, frágil, vacío. Se avergonzaba de sí mismo y no podía soportar la mirada de Dios.
Hoy tambien nosotros nos sentimos tentados , y llegamos incluso a dudar de poder ser perdonados por el Padre. Nada más lejos de la realidad, ya que allí donde abundó el pecado, sobreabundó la Gracia.
El Espíritu de Dios conduce a Jesús al desierto, lugar de soledad donde se encontra con Dios, consigo mismo y con la tentación del tener, del poder, de la gloria, de la autosuficiencia...
Las tentaciones de Jesús son las tentaciones de todo hombre. La actitud de Jesús es para nosotros un motivo de esperanza: el Espíritu vence el poder del mal.
ORACIÓN PARA EL PRIMER DOMINGO DE CUARESMA CICLO B
Primer Domingo de Cuaresma - B
¡Oh Alto y Glorioso Dios!
Mi vida es como una vidriera
iluminada por tu GRACIA multicolor.
Tú siempre eres fiel.
Enséñame tus caminos,
guía mis intenciones,
haz que camine en verdad y lealtad.
Que las tentaciones no ahoguen
mi deseo de seguirte,
y el Espíritu de tu Hijo
me empuje a buscar siempre
lo que a Ti te agrada.
Padre, renueva en mí tu Alianza
con el fruto de tu FIDELIDAD.
Texto: Hermanas clarisas de Huesca
Creer hoy día en el Evangelio es revivir esa esperanza que Jesús colmó en su tiempo; es trabajar para adelantar el Reino de Dios en su justicia, paz y amor definitivos. Esa es hoy nuestra tarea.
Líbranos de la tentación
Domingo I Cuaresma. Ciclo BGen 9,8-15; Sal 24; 1Pe 3,18-22; Mc 1,12-15.
La Iglesia en su condición de Madre y Maestra nos va guiando por las sendas de la vida ayudándonos a ser más santos. Con su sabia pedagogía nos pone delante de los ojos y del corazón este tiempo de Cuaresma, preparación para la Pascua.
Pero a veces el camino hacia la santidad tiene dificultades; surgen conflictos que nos hacen detenernos en el borde del camino, incluso a veces con ganas profundas de tirar la toalla y dejarnos morir al desaliento, rehuyendo el tener que comenzar de nuevo. Es la tentación.
Conviene que descubramos en el relato ejemplar del Evangelio de hoy una serie de verdades profundas. Es una de las páginas densas del Evangelio.
El mismo Jesús, en su condición humana, fue tentado. El Señor, sufrió la tentación del maligno. Y otro evangelista nos resalta que fue tentado por tres veces. Es pues natural que si fue tentado el Maestro, lo sean también sus discípulos.
Pero la tentación no es ya el pecado. Jesús fue tentado, pero no sucumbió a la tentación: no pecó sino que aparto la tentación y no cedió a ella, a pesar de que la sabiduría del maligno revistió la tentación apetitosamente, con tres suculentas seducciones: el placer -en este caso la comida-, el poder y el prestigio.
Y el mismo Jesús nos deja ya una pedagogía ejemplar para vencer la tentación, un remedio eficaz para no sucumbir: la tentación hay que rechazarla de plano, sumando a nuestra razón la fuerza de nuestra voluntad.. Quien se recrea en la tentación, aunque sea brevemente y con excusas adecuadas, acaba sumergiéndose en el pecado.
Parece anticuado, hoy, hablar de tentación y pecado. Sin embargo si lanzamos una mirada sincera, sin prejuicios de la masa, a nuestro alrededor, la queja de la mayoría de los humanos hoy no es sino una queja de la abundancia del pecado. ¿No es pecado el egoísmo, el despilfarro, la corrupción, el desencanto político, la indefensión en que se encuentra el obrero, el paro de tantos, la desconfianza mutua, el maltrato de niños, el abandono de ancianos, la violencia sexual, la intransigencia educativa, el desnorte de la juventud...y todo ese largo etcétera que son portada de tantos periódicos y noticia de muchos telediarios?
Pero el cristiano no puede ser nunca catastrofista. El creyente mirando a Jesús, descubre que es más fuerte la gracia que el pecado. Toda tentación puede ser vencida, aunque se camufle con mil disfraces. Porque Dios ha vencido el pecado, y nos llama a la libertad de la gracia.
Alfonso Crespo





























































